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Deporte universitario: formación, salud e identidad dentro y fuera de las canchas

Además de las competencias y los resultados deportivos, la actividad física en las universidades contribuye a la formación integral, el cuidado de la salud, la convivencia y el sentido de pertenencia de sus comunidades, señaló Ciria Margarita Salazar, profesora investigadora de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Colima.

Con motivo del Día Internacional del Deporte Universitario, que se conmemora cada 20 de septiembre, la académica destacó que las prácticas deportivas permiten desarrollar disciplina, perseverancia, liderazgo, cooperación, respeto a las reglas y capacidad para afrontar retos individuales y colectivos.

La fecha fue proclamada por la UNESCO en 2015, a propuesta de la Federación Internacional del Deporte Universitario (FISU), y se celebró por primera vez en 2016. Por ello, este año se conmemoran sus primeros diez años. El 20 de septiembre también recuerda la apertura de los primeros Campeonatos Mundiales Estudiantiles, realizados en 1924, y coincide con el comienzo del ciclo académico en numerosos países.

De acuerdo con la FISU, la celebración busca fortalecer los vínculos entre las universidades y sus comunidades mediante el deporte, la actividad física y la promoción de estilos de vida saludables. Su alcance no se limita al alto rendimiento, sino que incluye la práctica recreativa, las ligas estudiantiles, el deporte adaptado y las acciones dirigidas al bienestar de toda la comunidad.

En la Universidad de Colima, la incorporación del deporte a la formación estudiantil cuenta con una trayectoria de varias décadas. Una revisión histórica publicada en 2003 por la propia Ciria Salazar documenta que, en enero de 1983, el Consejo Universitario aprobó la incorporación de las actividades deportivas y culturales a los planes de estudio del bachillerato, como parte de una estrategia de formación integral.

El mismo trabajo señala que en 1985 se creó una dependencia especializada para organizar estas actividades y ampliar los servicios dirigidos al estudiantado. Con el paso de los años se desarrollaron clubes, ligas, centros de iniciación, equipos representativos, programas recreativos e infraestructura en distintos campus.

Salazar señaló que esta trayectoria permite entender el deporte universitario no sólo como un espacio de representación institucional, sino como una experiencia educativa capaz de fortalecer la salud física y emocional, las relaciones sociales y la permanencia del estudiantado en su comunidad.

Para Salazar, una universidad que impulsa el movimiento y el deporte no sólo prepara a su comunidad para competir, sino también para vivir mejor.

En este sentido, agregó, la conmemoración invita a procurar que la actividad física sea accesible, segura, incluyente y significativa para todas las personas, sin importar su nivel de habilidad, género, condición socioeconómica, discapacidad, procedencia o experiencia deportiva.