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Investiga UdeC nuevos apósitos para úlceras del pie diabético y quemaduras

¿Una curita que lee las condiciones de la piel? Esa es la pregunta que impulsa el desarrollo de una nueva generación de apósitos inteligentes que buscan ir más allá de cubrir una lesión. Este proyecto, liderado por Néstor Mendoza Muñoz, de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad de Colima, se enfoca en heridas complejas, entre ellas las úlceras asociadas con el pie diabético y las lesiones causadas por quemaduras, y pretende incorporar nanotecnología para detectar cambios en el entorno de la herida.

A través del proyecto “Diseño de una nueva generación de apósitos a partir de materiales híbridos antimicrobianos”, financiado con recursos propios de la Universidad de Colima, se busca encontrar sustancias y formulaciones que favorezcan la cicatrización de heridas profundas.

Un apósito es un material sanitario -como una gasa, almohadilla, película o espuma- que se coloca directamente sobre una herida para protegerla, absorber el exudado y favorecer condiciones adecuadas para la cicatrización.

“No queremos que sea una curita tradicional, que son bastante oclusivas; es decir, que impiden el paso del aire y la humedad; cuando te pones una curita, con el paso de los días la piel se arruga porque no transpira. Queremos crear una nueva generación de apósitos capaces de mantener un ambiente húmedo controlado, semejante al que favorece la reparación de la piel”, explicó.

Cuando se habla de apósitos, comentó el investigador, “hablamos de cualquier cosa que ponemos sobre una herida, puede ser una gasa, una curita, una crema, que tienen como propósito sanar una herida. En México sabemos que las personas con diabetes tienen alta incidencia de heridas crónicas como el pie diabético; es decir, sus heridas tardan mucho en sanar. Las heridas crónicas son un campo de estudio bastante interesante, y nuestro objetivo en este proyecto es desarrollar formulaciones para pie diabético o quemaduras”.

Un apósito inteligente

Lo que se busca con este proyecto de investigación, dijo el investigador, es que el apósito no solo cubra la herida, sino que interactúe con ella, detecte sus condiciones y libere de manera inteligente las sustancias necesarias para favorecer y acelerar su cicatrización.

“Queremos que las sustancias que estén dentro de la formulación salgan de ella de acuerdo a como se va requiriendo en la herida, que el medicamento vaya leyendo la herida y dando salida al principio activo de acuerdo con el proceso de sanación”, agregó. En términos técnicos, se busca que el material responda a indicadores del entorno de la herida, como cambios de pH o presencia de determinadas sustancias, para regular la liberación del principio activo.

En el caso de esta investigación, “queremos formular apósitos llamados emulgeles, sistemas semisólidos que combinan las propiedades de una emulsión y un gel y que transporta sustancias que ayudan a la cicatrización o bien en forma de biopelículas como si fuera un curita, pero no tan plástico, que permita la transpiración, el transporte, que tenga el medicamento y que vaya liberándolo lentamente, ajustándose”.

Lo interesante de este proyecto, compartió Néstor Mendoza, no sólo es la creación del apósito, sino de la nanotecnología dentro de estos sistemas terapéuticos de liberación de medicamento, “Lo que buscamos es crear el apósito y ver cómo integramos la nanotecnología para que éste lea las condiciones de la piel, como el pH, algunos radicales libres, el ambiente microbiano y, conforme a esa lectura, libere las sustancias”.

Para este año, dijo, quieren tener lista la variedad de sistemas o apósitos que van a probar: “Tenemos el antecedente de un estudiante de doctorado que ha estado trabajando en estas ideas de formulaciones inteligentes, así que ya llevamos avances. El siguiente paso es probarlo en modelo animal de cicatrización, para ver cómo le va y si funciona como esperamos, ya sería un avance preclínico para decir si funciona y podría darnos una pauta para escalarlo a una etapa más. Esto nos llevaría más o menos de tres a cinco años en desarrollarlo, porque precisamente hay que hacer pruebas”.

“Por lo pronto -explicó-, durante este año que dura el proyecto, vamos a tener resultados preliminares consolidados; es decir, que podamos tener al menos uno o dos sistemas ya como prototipos y probados en un modelo animal”.

El investigador informó que cuentan con una carta de intención para explorar una posible colaboración con el Instituto Nacional de Rehabilitación de la Ciudad de México, donde tienen una unidad de quemados. “Ellos hacen protocolos probando apósitos o tecnologías de cicatrización en personas quemadas, porque son heridas cuyo proceso de cicatrización puede ser prolongado”.

En este proyecto participa Cintia Rojas de la Facultad de Ciencias Químicas, experta en materiales y Adolfo Virgen, del Centro Universitario de Investigaciones Biomédicas y experto en evaluación biológica: “Con él pretendemos hacer la parte de la evaluación de la cicatrización en un modelo animal”.

También están Nancy Magaña, de la Facultad de Ciencias Químicas, “que trabaja con materiales y nanotecnología”, así como Nohely Pizano, del Bachillerato 18, experta en microbiología; estudiantes de licenciatura: Guillermo Flores y Alexa Torres; de doctorado, Isaac Rodríguez, y un posdoctorante, Rodrigo Ibarra.