Por Yensuni López Aldape
La visita de Claudia Sheinbaum a Colima se ve en todas las redes nacionales. Pasó algo que hasta a los mismos morenistas desencajó, pero, hasta que fueron capaces de analizar qué pasó realmente, se posicionaron en redes.
Es decir, el hecho fue en sábado y fue hasta el domingo por la tarde cuando parece que todos se pusieron de acuerdo o, más bien, la maquinaria comenzó a operar y, de risa que parecía el mismo texto el que les dieron para publicar, comenzaba con algo como: “los que estuvimos ahí…”
Yo no estuve, pero sí analicé cada video de principio a fin y desde anoche era evidente que el “fuera, fuera” no era dirigido a la presidenta.
Al escuchar el grito, la misma presidenta se fue contra quienes gritaban. La cara de la gobernadora estaba desencajada, todos en realidad. Una cara graciosa, para mi gusto, porque no entendían cómo es que la raza ahí presente, escogida a punta de beneficios, pudiera gritar tremenda palabra a una sola voz.
Es decir, si así están aleccionados para gritar y decir que cualquier protesta es “prianista” —digo, lo hizo la misma presidenta—, luego entonces, ¿qué pasó?, ¿qué nos salió mal?
Era evidente que no sabían qué estaba pasando allá a lo lejos, donde los invitados solo sirven para hacer bulto.
La cara de Claudia es memorable.
Pero lo más memorable es que fueron ellos mismos quienes no supieron controlar a su propia gente.
Era una manifestante —a la que ellos se refieren—, una sola gritando y que ya conocen, y la engrandecieron ellos mismos.
Shhhht… nadie les dijo a los que llevaron en camiones que cuando griten no deben hacerlo al momento en que la presidenta está en el uso de la voz, porque se puede malinterpretar.
Chihuahua, falló la mecánica!.
Todavía algunos dudan: ¿gritaron? Sí.
¿A Claudia? No.
Los presentes morenistas y gente del aparato gubernamental gritaron “fuera” a la activista, de la cual no me atreveré a calificar.
Pero lo lamentable, verdaderamente lamentable, es que la nota real se perdió.
Y quienes salieron perdiendo fueron la gente de Manzanillo, los salineros, pescadores y gente de Cuyutlán, que sí tenían y tienen un motivo para manifestarse y exigir atención.
La nota fue que no son escuchados.
Lo relevante es que mientras unos se desgarran las vestiduras en redes defendiendo a la presidenta de los gritos de ustedes mismos, que no supieron en qué momento echar la maroma, mientras todo eso pasa, la gente de Cuyutlán sigue sin tener certeza de cómo van a verse afectadas sus vidas.
La gente de Colima sigue ignorando cómo la ampliación del puerto va a golpear un tesoro ambiental cuyo precio van a pagar nuestros hijos.
Esa es la noticia.
Eso es lo que tenemos que visibilizar.
Así que aquí los irrespetuosos fueron sus gentes, que gritaron y salieron a escena cuando todavía no tocaba.
Los irrespetuosos son los aparatos de gobierno que no escuchan.
Los irrespetuosos son los que exigen verdad en redes sociales, como el secretario del Ayuntamiento de Tecomán, Julio Cano, que descaradamente dice: “La verdad también debe decirse”.
Coincido.
Pero iría más allá: La verdad SIEMPRE debe decirse.
La verdad sobre qué le ocurrirá a las tierras de Armería.
Qué pasará con las familias de pescadores.
Qué va a pasar con la actividad salinera.
Cuánto vamos a pagar en salud por el crecimiento económico de un puerto que, en la realidad, solo beneficia a unos y no a Colima.
Digamos la verdad, señor secretario de un municipio empobrecido y con una de las situaciones sociales más delicadas del estado, el terrible primer lugar con la mas alta tasa de suicidios de Colima.
¿Usted estaba ahí aplaudiendo y con la misma cara de confusión y por eso posteó hasta el domingo por la tarde?
Digamos la verdad siempre.
Por ejemplo, la verdad sobre el Hospital General de Tecomán, que no tiene ni agua de garrafón para que tomen; mucho menos insumos, ambulancia o medicamentos. Eso sí debería defender en redes.
Pero la verdad es que están más preocupados por defender su transformación de mentiritas.
Cada que alguien me pregunta sobre alguna protesta que requieren hacer, mi consejo es el mismo y no cobro por ello:
Nunca permitan que su protesta sea usada.
Que nadie más allá de ustedes se apropie de ella.
Sí, que se sumen.
Sí, que ayuden.
Pero la protesta es y debe ser ciudadana siempre.
No se dejen enarbolar por ningún político. Todos tienen un interés, lo quieran o no. Y eso también aplica con algunos activistas.
Porque al final, entre tanto grito, tanta defensa y tanta publicación, parece que se nos olvidó lo más importante: que mientras todos estaban viendo quién gritó “fuera”, en Cuyutlán siguen esperando respuestas.
