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Conozca la historia de dos oficios… y la falta de oficio

Por Yensuni López Aldape

Quisiera que alguien tuviera lucidez de decir “¿Y si en lugar de contestar como desde el hígado, nos comportamos como gobierno?”. No ocurrió.

La senadora Mely Romero Célis realizó una gira por Tecomán y recogió una serie de necesidades para integrar su agenda legislativa, o sea para dónde agarrar camino, esas demandas las documentó y debido a que muchas de estas no están directamente en sus manos, el 21 de septiembre le hizo llegar al alcalde Armando Reyna Magaña un oficio con esos planteamientos, le propuso establecer un mecanismo de colaboración para darles seguimiento y buscar una atención más rápida.

Como dije, la senadora tuvo el cuidado de reconocer que muchas de esas situaciones no se resuelven desde el Senado y que corresponden a los gobiernos locales. Ofreció algo que, en principio, a cualquier gobierno debería interesarle: capacidad de gestión. Escribió una frase que, además, me parece bastante pertinente: “La ciudadanía nos exige resultados, no explicaciones, nos pide acciones, no discursos”…Hasta ahí, todo bien.

Ahora veamos la respuesta del alcalde:

En el oficio, el alcalde le explicó a la senadora, (por si ella o usted o yo no lo sé) que el Ayuntamiento tiene un Plan Municipal de Desarrollo, un presupuesto aprobado, áreas responsables y canales institucionales de atención ciudadana. Bueno, después de la lección administrativa, digamos que eso también está bien.

A continuación, le informa que “no resulta administrativamente factible la creación de un mecanismo paralelo ni la designación de un enlace exclusivo”. ¡Ah Caray!, ¿quién pidió una nueva estructura?, ¿Dónde dijo la senadora que quería otra dirección municipal?, ¿En qué parte solicitó una oficina, personal, presupuesto y una placa que dijera “Enlace Especial para las Gestiones de Mely Romero”?

La senadora utilizó las palabras coordinación y seguimiento. Pero bueno, quizá en el Ayuntamiento de Tecomán escuchar “mecanismo de colaboración” provoca inmediatamente la aparición de una calculadora, un organigrama y una alarma presupuestal.

Armando explica que “crear estructuras duplicaría funciones que legalmente ya se realizan en las distintas dependencias municipales”. Ese argumento sería impecable si alguien hubiera propuesto contratar personal para hacer exactamente lo mismo que ya hacen las direcciones municipales. Pero no era eso.

Era una senadora diciendo: yo ya fui, ya escuché, ya tengo documentadas las demandas y estoy dispuesta a ayudar a gestionarlas. No parece tan complicado.

Mi parte favorita del oficio del alcalde es que los planteamientos ya fueron canalizados para seguir el “trámite ordinario institucional” y serán evaluados conforme a la “disponibilidad presupuestal”. ¡Ah, bueno, menos mal!

¿Trámite ordinario? Pregunto entonces, ¿Cuál es el extraordinario? ¿En qué momento una situación deja de ser ordinaria? ¿Qué características tiene que reunir un problema ciudadano para que el Ayuntamiento diga: éste sí amerita que le metamos velocidad? Porque si una senadora llega con demandas que recogió directamente en colonias y comunidades, las documenta y además ofrece ayudar a gestionarlas, uno se pregunta qué tendría que pasar para que eso merezca algo más que el trámite ordinario.

Si todo es ordinario, entonces la urgencia ciudadana también termina siendo ordinaria. Y ahí sí tenemos un problema.

Es por eso que la respuesta de Armando me parece pobre políticamente y en oficio.

No porque estuviera obligado a aceptar la propuesta de Mely Romero. No porque tuviera que crear un enlace especial. No porque una senadora pueda ordenar al Ayuntamiento qué hacer. Pobre porque un buen político no solamente sabe decir que no. Sabe decir que no sin desperdiciar una oportunidad de colaboración.

Podía haber dicho: no necesitamos un mecanismo paralelo, pero estamos abiertos a revisar los planteamientos y coordinarnos en los asuntos que requieran gestión ante otras instancias

¿Ven?

No costaba un peso.

No creaba plazas.

No duplicaba direcciones.

No violaba ninguna atribución.

Y hasta podía quedar bastante bien.

Ahora bien, Mely Romero es priísta y Armando Reyna gobierna Tecomán bajo Morena. ¿Eso explica la respuesta? No lo sé. Y no voy a afirmar algo que los documentos no demuestran, pero sí creo que vale la pena preguntarnos algo: ¿qué debería hacer un gobierno cuando la ayuda viene de un partido distinto?

Porque si una senadora de oposición ofrece gestionar asuntos de Tecomán, tocar puertas y buscar soluciones, al alcalde debería importarle una sola cosa: que se resuelva.

Si Mely o cualquier político de cualquier partido consigue una gestión para una colonia de Tecomán, la calle no cambia de color partidista.

Si logra tocar una puerta federal, el drenaje no se vuelve priísta.

Si consigue apoyo para una comunidad, los ciudadanos no reciben la obra con credencial de partido en la mano.

La gente recibe la solución.

Y si Armando logra que una legisladora de otro partido ayude a destrabar un problema, tampoco deja de ser Morena. Eso es política, esa es la diferencia entre administrar y gobernar.

Mientras Mely escribió que “la ciudadanía nos exige resultados, no explicaciones”, Armando contestó con una explicación administrativa bastante larga sobre por qué no era necesaria su ayuda

Una pidió acciones y el otro le contestó con el manual. Quizá por eso me parece una respuesta carente. No de fundamento administrativo, necesariamente, sino carente de visión política.

El buen oficio político consiste precisamente en encontrar el punto donde las instituciones pueden dejar de estorbarse y empezar a ayudarse.

Un “Gracias por su interés. Ya tenemos ventanilla.” Ajá, Pues qué bueno. Ojalá también tengan soluciones.

La gente de Tecomán no necesita saber si su problema siguió el trámite ordinario, si fue canalizado por la dependencia competente o si existe disponibilidad presupuestal, sino respuestas.

Pero esa solo es mi lectura, yo no soy política, solo leí dos oficios y pensé en la gente que le importa poco quien resuelve, quiere que los que están para trabajar lo hagan.

No me consta, lo supongo, por lo que he visto a lo largo de más de 20 años, que Armando sigue siendo el líder disciplinado que conocí hace tantos años, qué escándalo sería hacer equipo con alguien que no es de su partido (hablo del partido de ahorita) y mucho menos estando tan cerca del proceso electoral, por menos de eso a unos los corren de sus puestos de gobierno morenista, sea el cargo que sea, seas un simple alcalde, aspirante a candidato o funcionario estatal.