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¡La Garra lo eligió!… ¿estamos agradecidos?

Por Yensuni López Aldape

¿Quieren ver el retrato perfecto de la política en Tecomán?. Esta imagen es curiosa: es el diputado del distrito X de Tecomán, Juan Carlos Rendón, concentrado frente a una de esas máquinas donde uno mete una moneda, mueve una garrita y trata de dirigir la garrita metálica para sacar un peluche.

No sé si todos hemos estado ahí alguna vez o por lo menos a uno de nuestros niños. La garra baja… se abre… se cierra… parece que ya agarró algo… y al final el muñeco se resbala y vuelve a caer entre los demás.

La escena podría ser simpática, hasta tierna. De esas fotos que uno ve en una feria o en una plaza comercial y piensa: bueno, todos necesitamos distraernos de vez en cuando.

El detalle es que aquí no estamos viendo a cualquier muchacho pasando el rato… sino a un diputado del Congreso del Estado. Y no es que no tenga derecho a divertirse con lo que guste y mande, solo que la imagen empieza a parecer demasiado simbólica.

Porque, viéndola con calma, uno no puede evitar pensar en su propia asignación (popular) así: como una máquina de premios donde algunos cargos parecen salir no por experiencia, ni por trabajo propio, ni por vocación de servicio… sino porque mami metió la moneda y movió la palanca correcta.

En el caso del diputado Rendón, en Tecomán nadie ignora de dónde vino el impulso político. Su llegada al Congreso tiene mucho que ver con el trabajo político de su madre dentro del partido. Una historia bastante conocida en la política mexicana, donde los espacios se heredan, se acomodan o se reparten como favor.

Hay quienes construyen su carrera en la calle, tocando puertas, debatiendo ideas, haciendo gestión y ganándose poco a poco la confianza de la gente. Y hay quienes, de pronto, aparecen ya sentados en el premio mayor.

Como cuando uno ve a alguien sacar el peluche de la máquina en el primer intento… y se queda pensando:

—Bueno… ese ya venía medio agarrado desde antes.

El problema no es el peluche.

El problema es cuando los cargos públicos empiezan a parecer premios de feria.

Porque mientras la garrita baja, sube y vuelve a intentar, hay un distrito completo esperando algo mucho más difícil de conseguir: gestión, presencia, trabajo legislativo y una voz que realmente represente a la gente.

Y por si la escena necesitara todavía más comedia ¿sabe usted que el diputado Juan Carlos Rendón preside nada menos que la Comisión de Anticorrupción del Congreso?. Sí, leyó usted bien: anticorrupción. El diputado justo en el lugar donde se supone que se vigila que las cosas se hagan derechas, sin trampas ni premios acomodados. Uno mira la foto de la maquinita y no puede evitar pensar que tal vez ahí esté el entrenamiento: calcular la fuerza exacta, mover la palanca con cuidado… y ver si algo cae. El chiste se cuenta solo.

Pero más allá del peluche, hay otro premio que muchos ciudadanos siguen esperando: el centro de hemodiálisis que prometió en campaña para Tecomán. Esa sí era una promesa importante. Porque para las familias que tienen enfermos renales, cada traslado fuera del municipio cuesta tiempo, dinero y angustia.

Hasta ahora, sin embargo, el centro de hemodiálisis parece seguir en la misma posición que los muñecos dentro de la máquina: a la vista de todos, pero fuera del alcance. Y mientras la garra baja y sube en el juego, en la vida real la gente sigue esperando que alguna vez se baje también la palanca del trabajo legislativo… a ver si ahora sí cae algo útil para Tecomán.

No sé si la imagen da risa, coraje, invita a la reflexión o simplemente hay que encogerse de hombros y agradecer a los partidos políticos, en su caso el Partido Verde, esta brillante oportunidad de repensar el voto. A primera vista podría pensar que la gente mira estas cosas y suelta la carcajada… aunque por dentro, más bien, den ganas de llorar.

Viendo la escena, uno no puede evitar acordarse de los marcianitos de la película de Toy Story, esos que viven felices dentro de la maquinita esperando que la garra los elija. “¡La garra nos elegirá!”, dicen emocionados. Y cuando uno sale, los demás lo miran casi con reverencia: “¡Has sido elegido!”. La diferencia es que en la política local no siempre es la garra la que decide… a veces ya hay alguien afuera moviendo la palanca para que cierto muñeco salga directo al premio. Y entonces uno se queda pensando si en el distrito también hay varios mirando hacia arriba, agradecidos, diciendo: “Nos has salvado… estamos eternamente agradecidos”.

Pero bueno… ya vienen las elecciones.

Y como cada vez que se acerca ese momento, de pronto todos empiezan a moverse. Aparecen más las sonrisas, los recorridos, las fotos, los saludos y los discursos sobre el compromiso con la ciudadanía. Es temporada alta de abrazos políticos.

Por eso conviene que los ciudadanos miremos bien.

Sin importar partidos, colores ni siglas: ver qué gente realmente sirve para representar a Tecomán… y cuáles nombres es mejor dejar donde estaban.

Porque a diferencia de la feria, aquí no se trata de una moneda de diez pesos, al final del día, el sueldo, las dietas, los asesores y el asiento en el Congreso no salen de la maquinita.

¿Alguien sabe qué otros personajes están mirando “La Garra” con la mirada absorta y salivando sus candidaturas?

No es de risa, pero a veces ante esta política local tan surrealista, reír es la única forma de tolerar y tomar aire para replantearnos, aunque sea un voto.