Por Yensuni López Aldape
En esta columna solemos señalar y cuestionar, pero cuando alguien hace algo que corresponde —aunque sea parcialmente— también hay que decirlo. Y el primer hecho que no podemos ignorar en el caso de Real del Bosque es que **el alcalde Armando Reyna dio la cara**. Estuvo ahí, en la colonia, frente a los vecinos, acompañado de su equipo. No mandó emisarios ni se escondió detrás de comunicados. En tiempos donde muchos gobernantes prefieren quedarse en oficina para no enfrentar reclamos, eso se reconoce.
Ahora bien, otra cosa son los argumentos que presentó. Porque con todo respeto, explicar no es solo hablar, y el encuentro dejó la sensación de que las autoridades se quedaron cortas en la justificación real del proyecto y del proceso de selección del predio. Lo único claro es que hay cosas que se le escapan al municipio, especialmente cuando el Gobierno Federal amarra políticamente a los ayuntamientos, que ya bastante golpeados están en presupuesto, autonomía y decisión.
Pero vayamos a lo que considero el verdadero corazón de esta historia: los vecinos.
Lo que vimos en Real del Bosque merece todo el reconocimiento. No fue la típica protesta reactiva y desordenada. Había preparación, lectura, argumentos y oficio ciudadano.
La mayoría de quienes tomaron el micrófono eran personas informadas, profesionistas muchos de ellos, padres y madres de familia que educan a sus hijos en la importancia de exigir con sustancia y no con gritos. Desde el primer momento quedó claro que este no era el típico reclamo improvisado.
Y más todavía, tuvieron la inteligencia de dejar la política fuera. Quitaron desde el principio a actores que históricamente han capitalizado conflictos. No es un secreto —y en Tecomán todos lo saben— que la líder conocida como La Chicana fue clave en la campaña de Armando Reyna en esa colonia. Es una buena lideresa, sí, pero dejarla al margen fue una jugada correcta: el movimiento tenía que ser genuino, ciudadano, no un ajuste de cuentas entre grupos aliados.
Y no solo a ella: otro personaje polémico tampoco fue invitado a tomar protagonismo. Porque hubiera restado credibilidad, aunque haya luchado antes por causas justas. Los vecinos entendieron una lección que muchos movimientos nunca aprenden:
Primero: excelente convocatoria.
Segundo: hablar con argumentos bien documentados.
Tercero: hablar solo los interesados.
No hacía falta más. Y mucho menos protagonismos ajenos.
Hubo, sin embargo, momentos que abrieron grietas en la narrativa oficial. Por ejemplo, cuando la directora de Desarrollo Urbano explicó que la zona es “de alta densidad poblacional” para justificar por qué el programa de viviendas encaja ahí.
Ese argumento, lejos de convencer, abrió más preguntas que respuestas. Si es zona de alta densidad, ¿por qué meter más viviendas?
– ¿Qué pasó entonces con la lógica urbana que exige más servicios mientras más gente vive en un punto? y ¿Por qué los vecinos pagan predial y agua como si vivieran en zona residencial, cuando se les dice que oficialmente no lo son?. No fue el mejor momento de la tarde.
Hubo también otro capítulo digno de análisis, la presencia del regidor Jorge González. No se puede negar que él ha sido una de las pocas voces que se ha manifestado públicamente en el cabildo cuando algo no le cuadra, y su trabajo en Cerro de Ortega le da autoridad moral.
Pero, para ser justos, no era el día para ponerse del lado del pueblo como si no hubiera sido parte de la decisión. Lo que se esperaba —y se sigue esperando— era algo más claro como una explicación, tal vez una disculpa y por supuesto el compromiso real para corregir.
Como bien dijo alguien, en la política, los errores cuestan. Ojalá González sea doblemente activo para analizar y triplemente activo para actuar.
Este episodio en Real del Bosque, deja enseñanzas para todos.
Para el alcalde, que a estas alturas ya debió haber comprendido que el Tecomán de antes se acabó. La gente —sobre todo la que estudia, se informa y participa— ya no va a dejar pasar las cosas como antes cuando el viejo PRI. Ya no existe el ciudadano sumiso que “luego ve”, ni el que se conforma con que le digan que así es porque así toca. Y de su actuar dependerá en mucho que la próxima campaña su líder la Chicana sea recibida o le cierren la puerta en cada casa.
Para la ciudadanía, también hay autocrítica que asumir.
Cuando Reyna dijo que el tema se habló desde junio, que hubo sesiones de cabildo, que la información estuvo en medios y que nadie fue, también tenía razón, se dijo muchas veces en voz alta y nadie cuestionó hasta que “se dieron cuenta por las máquinas”. Muchas veces el hartazgo nos lleva a otro extremo: a dejar de leer, de ver, de escuchar, de estar presentes.
Y cuando la gente no se informa, deja en manos de otros decisiones delicadas que afectan colonias completas.
Esa lección no debe olvidarse jamás.
Porque si los ciudadanos no vigilan, los regidores tampoco analizan, tampoco cuestionan y tampoco defienden lo que deben defender, ellos solo levantan la mano y votan, por eso hay que fijarse a quienes lleva un candidato en la planilla, por eso hay que estudiar qué antecedentes tienen, ya no debe haber margen ni permisos para que solo cobren y no representen.
Y así, con decisiones sin análisis pasan estas cosas en una colonia… después un pueblo… y después otros tantos.
Bueno, mientras se define qué pasará con el predio de Real del Bosque, lo que sí queda claro es que hubieron cientos de vecinos presentes que hablaron con respeto, con claridad y con razones. Y que pusieron sobre la mesa el tipo de participación ciudadana que a cualquier gobierno debería poner nervioso.
Nadie sabe todavía cómo terminará esta historia, pero esta vez —y hay que decirlo— el pueblo habló con calidad democrática. Y cuando eso pasa, las decisiones ya no pueden tomarse como antes.
Cuando una comunidad se organiza… ya no se manda igual.
