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A 100 años de su martirio, San Miguel de la Mora vuelve a recorrer Colima cuestionando el presente

Por Yensuni López Aldape, Misionera Digital.

La reflexión que el obispo de Colima, Gerardo Díaz Vázquez, hizo hace poco más de un mes, durante la apertura del Año Jubilar de San Miguel de la Mora, sigue siendo una de las claves para entender el significado que la Iglesia en Colima quiere darle a este aniversario: a cien años del martirio del sacerdote, sostuvo que la persecución a la Iglesia “continúa hasta la fecha”, aunque “hoy de otras formas”.

Ahora, a poco más de un mes de aquella celebración, el jubileo entra en una nueva etapa: a partir del 17 de septiembre, las reliquias de San Miguel de la Mora comenzarán un recorrido por las comunidades del decanato de San Miguel Arcángel como parte de un año dedicado a recuperar su historia, recordar su testimonio y reflexionar sobre la vigencia de la fe.

¿Quién fue San Miguel de la Mora y por qué, un siglo después de su muerte, la Diócesis de Colima decidió dedicarle todo un año?

El obispo llamó a recordar el contexto de la resistencia cristera, pero también a valorar qué significa actualmente mantener viva la fe y el compromiso cristiano. En ese sentido, consideró que aquellos años estuvieron marcados por un ataque a la libertad religiosa y destacó el testimonio de sacerdotes, seminaristas y laicos que, desde su perspectiva, resistieron ante disposiciones que afectaban la práctica de su fe.

La reflexión del obispo no se quedó en el pasado. Señalaba que, aunque la persecución y los martirios continuaron después de los años de la resistencia cristera, actualmente las presiones hacia la fe se presentan de otras maneras; entre ellas, un estilo de vida que calificó como “muy cómodo, muy fácil, muy light, muy sin compromiso”.

Ante ello, planteó que el año jubilar sea también una oportunidad para renovar la fe y el compromiso de los creyentes, así como para que el testimonio de quienes entregaron su vida por sus convicciones pueda ser conocido por las nuevas generaciones.

Un sacerdote en medio de la persecución

San Miguel de la Mora nació el 19 de junio de 1874 en Tecalitlán, Jalisco. Durante su adolescencia ingresó al Seminario Conciliar de Colima y fue ordenado sacerdote en 1906.

A lo largo de su ministerio estuvo en Tomatlán, la Iglesia Catedral, la Hacienda de San Antonio y Zapotitlán, para posteriormente regresar a Catedral, donde se desempeñó como Capellán de Coro.

Cuando se decretó la suspensión del culto público, decidió permanecer en el domicilio de su familia y continuar celebrando la Eucaristía con discreción.

La situación cambió cuando fue identificado como sacerdote y detenido. Tras recuperar su libertad bajo fianza, recibió la orden de reanudar el culto en Catedral, pese a las disposiciones de la autoridad eclesiástica. Finalmente dejó Colima y regresó a su lugar de origen.

La madrugada del 7 de agosto de 1927 salió rumbo a la sierra vestido de paisano, acompañado por su hermano Regino y el presbítero Crispriniano Sandoval. En el mesón de Cardona fue reconocido como sacerdote y detenido. Fue trasladado a Colima y ejecutado ese mismo día en la caballeriza del cuartel. De acuerdo con la semblanza difundida por la Diócesis, murió mientras rezaba el Rosario.

Sus restos fueron sepultados inicialmente en el Panteón Municipal de Colima y dos años después trasladados a la Iglesia Catedral.

Una preocupación que sigue vigente

En su homilía, el obispo también recuperaba una de las expresiones atribuidas a San Miguel de la Mora cuando se le pidió abandonar Colima: “¿Cómo se va a quedar Colima sin sacerdotes?”

Relacionó aquella preocupación con una de las intenciones centrales del año jubilar: pedir por el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas en la diócesis.

Actualmente, señalaba, también existe necesidad de sacerdotes y llamó a fortalecer una fe cercana y viva que permita a las nuevas generaciones descubrir el amor de Dios y, para quienes reciban esa vocación, responder al servicio de la Iglesia y de la comunidad.

Las reliquias recorrerán las parroquias

Como parte del Año Jubilar, en la Diócesis de Colima se realizará, durante todo el periodo, la visita de las reliquias de San Miguel de la Mora a las parroquias, organizadas por decanatos.

El recorrido comenzará en el decanato de San Miguel Arcángel, con una primera ruta por siete comunidades:

* Minatitlán: del 17 al 20 de septiembre.

* Coquimatlán: del 21 al 24 de septiembre.

* Comala: del 25 al 29 de septiembre.

* Pueblo Juárez: del 30 de septiembre al 4 de octubre.

* Zacualpan: del 5 al 8 de octubre.

* Suchitlán: del 9 al 12 de octubre.

* San José del Carmen: del 13 al 16 de octubre.

Además, durante el jubileo, se contempla la entronización de una imagen oficial de San Miguel de la Mora en las parroquias de la diócesis.

El año jubilar, establecido por el Obispado de Colima, comenzó el 7 de agosto de 2026 y concluirá el 7 de agosto de 2027. Entre sus propósitos está agradecer el testimonio de San Miguel de la Mora y pedir, por su intercesión, el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas.

A cien años de su muerte, la memoria de San Miguel de la Mora vuelve así a las comunidades de Colima, no solamente como recuerdo de un episodio ocurrido en medio de la resistencia religiosa de principios del siglo pasado, sino como una invitación de la Iglesia local a mirar su propia historia y preguntarse qué hacer hoy con la fe que aquellos hombres y mujeres defendieron.

Quizá una de las lecciones que deja la vida de San Miguel de la Mora es que la fe no necesita de la intolerancia para sostenerse ni de la presión para crecer. La fe florece por sí misma, pero siempre necesita de quien prepare la tierra, siembre y acompañe. Ahí está también la importancia de los sacerdotes: no para imponer una fe, sino para acompañar a quienes la viven y, por ventura, inspirar a otros a descubrir que también pueden hacer de su vida un servicio.

Cien años después, quizá esa sea una de las formas más profundas de mantener vivo el legado de San Miguel: que su historia no solamente nos recuerde a un sacerdote que murió por su fe, sino que despierte en otros el deseo de vivirla y servirla.