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TikTok puede normalizar la violencia, pero también combatirla: Arnoldo Delgadillo

La Facultad de Trabajo Social de la Universidad de Colima llevó a cabo la conferencia “TikTok: el dispositivo de la necromáquina que cautiva a las juventudes”, impartida por el doctor Arnoldo Delgadillo Grajeda como parte de las actividades del Encuentro por los Derechos Digitales.

Durante su exposición, el periodista y doctor en Ciencias Sociales analizó el papel que pueden desempeñar plataformas como TikTok dentro de los entramados sociales en los que la violencia adquiere visibilidad, circula y llega a normalizarse.

Entre los casos abordados destacó la relación entre juventudes y narcocultura; el de jóvenes latinoamericanos que, mediante TikTok, establecieron vínculos relacionados con una posible incorporación a la guerra en Ucrania, a miles de kilómetros de distancia, y el de otras violencias que también encuentran formas particulares de difusión en la plataforma, como las de género.

Para contextualizar el tema, Delgadillo retomó el concepto de “capitalismo gore”, desarrollado por Sayak Valencia, entendido como “la capacidad de determinados circuitos económicos para convertir la violencia, los cuerpos y la muerte en recursos susceptibles de producir ganancias, reconocimiento y poder”.

“El capitalismo gore tampoco se limita al dinero; produce también imaginarios. La acumulación económica necesita hacerse visible y el dinero debe convertirse en signos capaces de comunicar poder: automóviles, joyas, armas, ropa, viviendas, fiestas, cuerpos y consumos extraordinarios. Allí comienza una conexión importante con la narcocultura”, explicó.

Delgadillo también retomó el concepto de “necromáquina” desarrollado por la investigadora mexicana Rossana Reguillo en el libro Necromáquina. Cuando morir no es suficiente (2021), para analizar un entramado, un dispositivo que no sólo produce muerte y violencia, sino también sentidos, lenguajes y formas de normalización que afectan a la sociedad.

“La violencia produce muertos, pero también sentidos. En ese proceso aparecen vocabularios, imágenes, hábitos, silencios y códigos que permiten reconocer la presencia de la máquina, aun cuando ésta no se encuentre físicamente frente a nosotros”, señaló Delgadillo Grajeda.

A partir de este planteamiento, Arnoldo Delgadillo explicó que la necromáquina no debe entenderse únicamente como una estructura que asesina. Su complejidad, dijo, radica también en su capacidad para transformar aquello que una sociedad considera posible, tolerable o cotidiano.

“Produce vocabularios nuevos y resignifica palabras antiguas; establece fronteras invisibles, modifica la relación de las comunidades con las instituciones y altera la manera de imaginar el futuro. Mi planteamiento es: ¿qué ocurre cuando esta máquina encuentra plataformas capaces de hacer circular sus signos a una velocidad y una escala inéditas?”, preguntó.

Antes de concluir, enfatizó que TikTok no es en sí misma la necromáquina, aunque puede convertirse en un dispositivo de mediación de algunas de sus expresiones. “El problema no se encuentra exclusivamente dentro de la aplicación. Está en el ensamblaje entre la plataforma y la desigualdad; entre el algoritmo y la precariedad; entre los contenidos y las masculinidades; entre la narcocultura y los mercados criminales; entre la economía de la atención y las industrias culturales, y entre las promesas de reconocimiento y la falta de reconocimiento fuera de la pantalla”, afirmó.

Delgadillo señaló que TikTok también puede funcionar en sentido contrario: servir para denunciar, organizar, enseñar, acompañar, crear comunidad, documentar injusticias, ofrecer apoyo y difundir discursos feministas y herramientas contra la violencia.

Como parte de sus propuestas, planteó la necesidad de visibilizar formas alternativas de reconocimiento, pues “eliminar contenidos no elimina necesariamente la promesa que contenían”. Entre estas alternativas mencionó el trabajo comunitario, la creatividad, el deporte, el conocimiento, el periodismo, la ciencia, el arte, la solidaridad y el cuidado.

Una segunda propuesta consiste en desarrollar una alfabetización algorítmica y afectiva. La tercera, explicó, es más compleja porque no puede resolverse desde una aplicación: devolver a las juventudes el derecho al futuro.

“Si un joven sale de la escuela y afuera encuentra precariedad, violencia, incertidumbre, ausencia de oportunidades y falta de reconocimiento, las condiciones estructurales que permiten a otras máquinas seducirlo continuarán intactas”, advirtió.

Arnoldo Delgadillo concluyó que “mientras una necromáquina pueda ofrecerle a un adolescente más pertenencia, más reconocimiento y más futuro -aunque sea un futuro breve y atravesado por la violencia- que nuestras instituciones y nuestras comunidades, el problema nunca podrá resolverse únicamente retirando contenidos de una plataforma. Disputar las tecnologías de la muerte es, finalmente, disputar el derecho de las juventudes a imaginar una vida larga, digna y posible”.