Memes, videos breves, redes sociales y otros contenidos digitales forman hoy parte de los espacios en los que las juventudes se informan, conviven y construyen referentes culturales. En esos mismos entornos, sin embargo, también pueden reproducirse discursos de odio, misoginia, acoso y otras expresiones de violencia que no siempre son reconocidas como tales.
Sobre estas prácticas y sus implicaciones reflexionaron especialistas durante la mesa “Culturas digitales, juventudes y violencias: Experiencias de investigación y formación comunitaria”, realizada en el marco del Encuentro por los Derechos Digitales: Habitar y Resistir desde Colima, que se lleva a cabo en la Universidad de Colima.
Durante la sesión, Marina Vázquez Guerrero y Ana Isabel Zermeño Flores, profesoras investigadoras de las facultades de Mercadotecnia y Letras y Comunicación, presentaron el proyecto “Reconocer las violencias en el consumo digital juvenil para construir reflexiones críticas a favor de la cultura de paz”.
Vázquez Guerrero explicó que la investigación se encuentra en una etapa inicial y reúne a especialistas de Colima, Tabasco y Baja California, quienes desarrollarán distintas líneas de trabajo orientadas a conocer las prácticas digitales juveniles y generar estrategias que contribuyan a una cultura de paz.
La investigadora señaló que las nuevas generaciones viven una parte importante de sus procesos de socialización y aprendizaje en entornos digitales, donde consumen y comparten memes, videos y publicaciones breves. Estos espacios, dijo, también pueden convertirse en vehículos para reproducir y normalizar expresiones discriminatorias, discursos de odio, misoginia y otras formas de violencia.
Planteó que la violencia y los contenidos violentos presentes en los entornos digitales no se limitan a expresiones explícitas relacionados con asesinatos, conflictos armados o imágenes de personas fallecidas, sino que puede aparecer también en prácticas cotidianas menos evidentes.
“Todos y todas podemos rechazar la violencia directa que vemos en internet, pero la violencia cultural está presente en aquello que compartimos, reproducimos y normalizamos cotidianamente”, señaló.
El proyecto busca por ello promover procesos de autorreflexión entre las juventudes sobre sus hábitos y formas de consumo digital, con la intención de favorecer el bienestar en estos entornos y avanzar hacia relaciones digitales menos violentas. Entre los fenómenos que serán considerados se encuentran el ciberacoso, ciberbullying, hostigamiento, discursos de odio y distintas formas de exclusión digital, así como contenidos vinculados con la denominada manosfera.
Este último término se utiliza para agrupar distintas comunidades digitales vinculadas con discursos sobre hombres y masculinidades que, con diferentes matices y grados de radicalización, suelen compartir posturas antifeministas y, en algunos casos, discursos misóginos u hostiles hacia las mujeres.
Las investigadoras señalaron también la necesidad de analizar situaciones que pueden generar riesgos o afectar el bienestar de quienes utilizan plataformas digitales, como las apuestas en línea, la conexión permanente, la de aspectos íntimos de la vida sin suficientes medidas de privacidad, determinados retos virales y algunos patrones problemáticos de consumo de pornografía o videojuegos.
Particular atención requieren, señalaron, las situaciones que pueden colocar en mayor riesgo a niñas, niños y adolescentes, así como aquellas expresiones de violencia y discriminación dirigidas contra mujeres y otros grupos que históricamente han enfrentado desigualdades.
Por su parte, Ana Isabel Zermeño Flores explicó que una primera fase del proyecto consistirá en elaborar un diagnóstico que permita identificar contenidos, patrones y prácticas digitales.
Después estudiarán las representaciones y significados que las propias juventudes atribuyen a esos contenidos. La investigadora dijo que uno de los principios metodológicos será no definir de antemano qué consideran violento quienes participan en el estudio, sino escuchar sus experiencias y conocer cómo interpretan aquello que encuentran, consumen y comparten en internet.
El objetivo, explicó, es conocer qué dicen y piensan las juventudes de Colima sobre estas prácticas, analizar sus imaginarios y representaciones simbólicas y, a partir de los resultados, desarrollar talleres y estrategias de intervención que eventualmente puedan integrarse en un modelo susceptible de aplicarse en otros contextos.
La investigación se desarrollará principalmente con estudiantes jóvenes de las áreas de Humanidades y Ciencias Sociales.
Durante la mesa se abordaron también los desafíos metodológicos del trabajo interdisciplinario y entre instituciones, entre ellos la necesidad de integrar diferentes campos de conocimiento y revisar las relaciones de poder que pueden intervenir en los propios procesos de investigación y construcción colectiva del conocimiento.
