Por Christian Magallón García
Durante las últimas semanas, los apagones se han convertido en parte de la conversación cotidiana. En redes sociales abundan los reportes de colonias sin servicio, negocios que se quedaron sin energía y hogares que pasan horas esperando el regreso de la electricidad. Incluso hicieron una especie de plantón en la CFE exigiendo respuestas no solamente por el tema de los apagones sino también de un aumento considerable en los recibos de electricidad. Al ver esto decidí investigar al respecto, tenemos en manzanillo una termoeléctrica ¿no deberíamos tener abundancia y costos mas accesibles en la energía eléctrica? Pues no, a pesar de ser un territorio clave para la generación de energía.
Colima ocupa una posición estratégica dentro del sistema energético nacional. Desde nuestro estado se genera una parte importante de la electricidad que alimenta hogares, industrias y actividades económicas en distintas regiones del país. Somos un territorio clave para la infraestructura energética y, al mismo tiempo, uno de los estados que durante las últimas semanas ha experimentado interrupciones que han puesto en evidencia la fragilidad de parte de su red eléctrica. La contradicción es difícil de ignorar. ¿Cómo puede un estado que ayuda a producir energía para millones de personas enfrentar problemas que generan incertidumbre sobre la confiabilidad de su propia infraestructura?
Los retos de energía actuales no consisten únicamente en producirla, consiste en distribuirla, administrarla y garantizar que llegue de forma confiable a una economía cada vez más dependiente de la tecnología. Hoy la electricidad sostiene mucho más que focos y electrodomésticos. Sostiene redes de telecomunicaciones, plataformas digitales, sistemas logísticos, pagos electrónicos, operaciones empresariales y buena parte de la actividad económica moderna. Cada interrupción no solo representa una molestia para las familias; también revela la dependencia creciente que tenemos de una infraestructura que rara vez ocupa el centro de la conversación pública.
Los apagones no deberían verse únicamente como un problema operativo o una consecuencia temporal de los cambios climáticos. Son una señal de alerta sobre algo más profundo, nos recuerdan que la transformación digital, la competitividad económica y los proyectos de desarrollo que imaginamos para el estado dependen de una infraestructura invisible que solo notamos cuando falla.
El puerto del futuro conectado a una red del pasado
Para nadie es nuevo que Manzanillo es un pilar económico para el estado, pero la infraestructura eléctrica es la base de todo el desarrollo, la logística moderna ya no consiste únicamente en mover contenedores de un punto a otro. Los puertos más competitivos del mundo operan mediante sistemas digitales que coordinan embarcaciones, monitorean mercancías, automatizan procesos, gestionan información en tiempo real y optimizan operaciones a través de plataformas tecnológicas cada vez más sofisticadas.
La economía portuaria del futuro dependerá tanto de los datos como de las grúas, y todo eso tiene un requisito básico: electricidad confiable.
Cada sistema automatizado, cada sensor, cada servidor, cada red de comunicación y cada plataforma logística depende de una infraestructura energética capaz de operar de manera continua. La digitalización no ocurre en el vacío, necesita una red física que la sostenga.
Por eso resulta llamativo que conozcamos con tanto detalle los planes de crecimiento del puerto y tan poco sobre la infraestructura que deberá soportarlo.
Sabemos cuántos contenedores mueve Manzanillo, sabemos cuánto se espera que crezca, sabemos la importancia que tiene para el comercio exterior mexicano. Pero sabemos muy poco sobre la capacidad de la red eléctrica que alimentará ese crecimiento, y esa falta de información debería preocuparnos porque normalmente cuando algo se oculta es porque no anda bien.
Cuando se habla del futuro económico de Colima, la atención suele centrarse en inversiones, ampliaciones y oportunidades comerciales. Pero detrás de cada una de esas promesas existe una pregunta que pocas veces se plantea públicamente: ¿quién está planeando la infraestructura energética que sostendrá el crecimiento de Manzanillo durante los próximos veinte años?
Porque el puerto del futuro no se construirá únicamente con concreto o ampliaciones de carreteras, otro tema que hay que poner sobre la mesa, están construyendo una autopista para generar una mayor afluencia de vehículos y trailers para una estructura de movilidad colapsada, pero no es el tema principal de hoy. Al igual que debe invertirse en infraestructura de caminos debe hacerse en subestaciones, transformadores, líneas de distribución y sistemas capaces de garantizar un suministro confiable para una economía cada vez más dependiente de la tecnología. La infraestructura eléctrica rara vez ocupa titulares. Es invisible cuando funciona y protagonista cuando falla, pero ignorarla no la vuelve menos importante. Entre más digital se vuelve una economía, más dependiente se vuelve de aquello que permanece oculto.
Quizá por eso los recientes apagones merecen una lectura distinta. No solo revelan problemas en el presente, también nos obligan a preguntarnos si la infraestructura que hoy sostiene a Colima está preparada para soportar el futuro económico que imaginamos para el estado.
Energía sin desarrollo
Hoy el estado ocupa una posición estratégica gracias a su capacidad energética y a la relevancia logística de Manzanillo. Sobre el papel, parecería tener condiciones favorables para participar en las oportunidades que surgen de la relocalización de empresas, la digitalización de procesos y el crecimiento de nuevas industrias tecnológicas.
Sin embargo, existe una diferencia importante entre participar y beneficiarse. Una cosa es aportar energía al sistema económico y otra muy distinta es capturar una parte significativa del valor que ese sistema genera. Podríamos terminar alimentando una economía digital cuyos empleos, inversiones y oportunidades se concentren en otros estados.
La energía puede ser una ventaja competitiva, pero no garantiza desarrollo por sí sola. Colima genera electricidad, cuenta con una ubicación estratégica y posee uno de los activos logísticos más importantes del país. Sin embargo, ninguna de esas fortalezas asegura automáticamente que los beneficios de la economía digital permanecerán en el estado. Nuestro desafío es convertir esa posición estratégica en oportunidades reales de desarrollo económico, tecnológico y empresarial. Porque una región puede ser indispensable para el funcionamiento de una economía y, aun así, quedarse al margen de sus principales beneficios. Y en una época donde la energía se ha convertido en uno de los insumos más valiosos para el crecimiento tecnológico, esa posibilidad merece mucha más atención de la que está recibiendo. Cuando normalizamos los apagones, no solo aceptamos una incomodidad cotidiana; aceptamos discretamente quedarnos al margen del futuro tecnológico que pretendemos construir.
