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Puentes, carreteras, un legado para Colima

Por Hugo Ramírez Pulido

El gobierno de Indira Vizcaíno Silva dejará una huella imborrable en la infraestructura y conectividad de Colima.

Porque gobernar también significa tocar puertas, insistir, gestionar y convencer. Y aunque muchas de las grandes obras que hoy avanzan en el estado son resultado de coordinación con el Gobierno de México, también es cierto que sin voluntad política, visión y capacidad de gestión, simplemente no llegarían.

Durante años, Colima vio pasar administraciones estatales enteras sin que proyectos fundamentales pudieran concretarse; hoy, varias de esas demandas históricas comienzan finalmente a hacerse realidad.

La apertura del puente superior “Epitacia Zamora Teodoro”, conocido como Arco Sur, representa mucho más que una obra vial. Es la materialización de una solución esperada durante décadas para miles de familias que diariamente padecían largas filas, accidentes y caos vehicular provocados por el cruce ferroviario.

Con esta obra, se avanza en la separación definitiva del tránsito ferroviario y vehicular, permitiendo una movilidad más ágil, segura y moderna para la zona metropolitana de Colima-Villa de Álvarez. Se trata de una infraestructura que transforma la dinámica urbana y que responde al crecimiento que desde hace años exige soluciones de gran calado.

Y es precisamente ahí donde radica el verdadero legado: en obras que no sólo resuelven problemas del presente, sino que impactarán positivamente durante muchos años.

Lo mismo ocurre con el puente “Celsa Virgen Pérez”, en el Arco Norte, que junto al Arco Sur viene a destrabar dos de los principales puntos de conflicto vehicular del Tercer Anillo Periférico. Así lo reconoció el titular de la SICT, Jesús Esteva, al señalar que estas obras acabarán con tiempos de espera de hasta una hora y con congestionamientos que habían vuelto prácticamente inoperante esta vía estratégica.

Pero quizá uno de los mayores símbolos de este sexenio será también el puente de El Chical. Para muchas personas podría parecer una obra menor frente a los grandes distribuidores viales; sin embargo, para decenas de familias de esa comunidad significa dignidad, seguridad y certeza.

Durante años, habitantes de la zona tuvieron que enfrentar aislamiento e incertidumbre cada temporada de lluvias por la falta de una vía de comunicación segura. Hoy, finalmente tendrán un puente que por décadas les fue negado por la indiferencia gubernamental.

A ello se suma otro proyecto histórico: la ampliación de la autopista de cuatro a seis carriles, una obra que continúa en proceso pero que marcará un antes y un después en la conectividad, seguridad y competitividad de Colima.

Son proyectos que reflejan una visión distinta del desarrollo: una donde las inversiones no se concentran únicamente en las zonas tradicionalmente privilegiadas, sino que buscan equilibrar el crecimiento y llevar beneficios a más regiones y sectores de la población.

La obra pública siempre será visible. Ahí quedará para las próximas generaciones.

Y cuando pasen los años, más allá de debates políticos, será difícil no reconocer que durante el gobierno de Indira Vizcaíno comenzaron a concretarse proyectos que Colima llevaba demasiado tiempo esperando.