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Colima fortalece prevención de salud mental con observatorio y Código 100

Como parte de las actividades por el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, conmemorado el pasado 10 de septiembre, la Facultad de Psicología de la Universidad de Colima organizó la conferencia plenaria: “Prevención y atención del suicidio”, impartida por Guillermo Blanco Govea, comisionado estatal de Salud Mental y Adicciones de Colima.

Durante la charla, el especialista habló sobre la conducta suicida, los modelos de prevención, la construcción del Programa Estatal de Prevención del Suicidio y el funcionamiento del Código 100, mecanismo utilizado en el estado para la atención de personas con alto riesgo o intento de suicidio.

Blanco Govea explicó que el suicidio debe entenderse como un fenómeno complejo y multifactorial, en el que pueden intervenir elementos sociales, familiares, psicológicos, biológicos, culturales y contextuales, por lo que advirtió sobre explicaciones que atribuyen este fenómeno a una sola causa.

También destacó la importancia de modificar narrativas que califican la conducta suicida en términos de “valentía” o “cobardía”. Evitar este tipo de juicios, señaló, puede favorecer que una persona exprese aquello por lo que está atravesando y tenga mayores posibilidades de acercarse a servicios de atención.

El suicidio, un problema de salud pública

Durante su exposición, Blanco Govea presentó datos de organismos internacionales para dimensionar el problema. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, en 2021 la tasa bruta mundial de mortalidad por suicidio fue de 9.2 por cada 100 mil habitantes. Ese año se estimaron alrededor de 727 mil muertes por esta causa en el mundo.

En la Región de las Américas, la tasa estandarizada por edad fue también de alrededor de 9.2 por cada 100 mil habitantes en 2021. Los datos que compartió muestran una diferencia importante por sexo: la tasa fue cercana a 14.7 entre los hombres y a 4.0 entre las mujeres.

La mortalidad por suicidio es considerablemente mayor entre los hombres. En las Américas, en 2021 se registraron aproximadamente 3.7 muertes de hombres por cada una de mujeres, aunque estas proporciones pueden variar entre países y grupos de edad. En México, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía registró en 2024 una tasa de 6.8 muertes por suicidio por cada 100 mil habitantes.

Blanco Govea señaló que el análisis por edades requiere considerar diferencias entre poblaciones y territorios. A nivel mundial, el suicidio constituye una de las principales causas de muerte entre personas jóvenes: la OMS lo ubicó como la tercera causa de muerte entre los 15 y 29 años en 2021. En la Región de las Américas, sin embargo, las personas de 50 años y más concentran la mayor proporción de muertes por esta causa.

El especialista subrayó que la presencia de conductas suicidas entre adolescentes y jóvenes constituye un motivo de atención para los servicios de salud y destacó la necesidad de fortalecer las acciones preventivas y la identificación oportuna de situaciones de riesgo.

En Colima, compartió que la tasa alcanzó su máximo histórico en 2021, “con 11 suicidios por cada 100 mil habitantes”. Posteriormente se registró una disminución: 61 casos en 2022 y 41 en 2023. Para 2024, la Secretaría de Salud estatal reportó preliminarmente 30 muertes por suicidio, equivalentes a una tasa de 4.1 por cada 100 mil habitantes. “Por cada cinco suicidios cometidos por hombres, se quita la vida una mujer. Mientras que las edades entre 25 a 45 se concentra el mayor número de casos”.

Blanco Govea señaló además que los registros estatales muestran diferencias por sexo y edad y que, en años recientes, los municipios con mayor número absoluto de casos han incluido a Manzanillo, Tecomán, Colima y Villa de Álvarez.

Observatorio Estatal de Salud Mental y Adicciones

El comisionado destacó que Colima cuenta con el Observatorio Estatal de Salud Mental y Adicciones, herramienta que integra y analiza información relacionada con distintos indicadores de salud mental en la entidad.

En materia de conducta suicida, explicó, parte de la información procede de reportes realizados a través del número de emergencias 911 y de los servicios de salud, lo que permite identificar casos que requieren atención y dar seguimiento a determinados grupos de población.

Blanco Govea presentó cifras del observatorio sobre reportes de intentos de suicidio y señaló que éstos se concentran principalmente en población joven. Aclaró que estas cifras corresponden a registros administrativos y no deben interpretarse necesariamente como la totalidad de los intentos ocurridos en el estado.

Con esa aclaración en cuanto a las cifras, dijo que en 2024 este observatorio registró 137 intentos de suicidio, en 2025, 275 casos, y en lo que va del 2026 ha registrado 351 intentos de suicidio. “Las edades en que más casos registra dicho observatorio son entre 25-35 años, seguida de 12 a 17 años y finalmente entre los 18 y 24 años; los intentos se presentan con mayor frecuencia en mujeres, mientras que los suicidios consumados ocurren en mayor proporción en hombres”.

Como una conclusión personal, comentó que “algo está ocurriendo con estos grupos etarios, en la que cada vez son más jóvenes los que registran más intentos de suicidios. La violencia y el consumo de sustancias, comentó, son otros factores que deben analizarse junto con variables sociales, familiares y de salud mental

Código 100: una respuesta que puede salvar vidas

¿Qué es y cómo funciona el Código 100? “Es -dijo- un plan de emergencia para la atención inmediata de personas con riesgo inminente de suicidio. Se incorporó como parte de las estrategias estatales de prevención del suicidio y comenzó a implementarse en 2022. Su finalidad es evitar que una persona en crisis sea ignorada, juzgada, revictimizada o quede únicamente con una atención de urgencias sin seguimiento posterior”.

Su funcionamiento -explicó- comienza con la detección y valoración del riesgo suicida. Un especialista, a partir de su experiencia, identifica un determinado nivel de riesgo. Habla al número 911 y pide activar el Código 100. Una vez activado -agregó-, “el paciente debería recibir atención clínica inmediata para que sea valorado y atendido por un psicólogo”.

La importancia del Código 100 -señaló- radica en que la intervención no concluye necesariamente con la atención inicial de la emergencia, sino que busca vincular a la persona con servicios de salud mental y establecer mecanismos de seguimiento y acompañamiento. “Es decir, el Código 100 no es simplemente una alarma hospitalaria, sino una red de atención”.

Para Blanco Govea, el objetivo es avanzar de una respuesta centrada exclusivamente en la emergencia hacia un modelo que permita detectar, evaluar, atender, vincular y dar seguimiento a las personas que enfrentan una situación de riesgo.