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El hospital de Tecomán necesita más que buenas intenciones

Por Yensuni López Aldape

Decir que el Hospital General de Tecomán está en abandono no es una novedad. Es una realidad que cualquier persona puede palpar. Y no solamente físicamente: échese un paseo por las redes sociales. No es una ni dos, sino muchas las denuncias que surgen incluso desde el propio personal, que pareciera que ya no siente lo duro, sino lo tupido.

Es loable que exista un patronato y más aún que éste haya incrementado el número de servicios y beneficios que ofrece. Eso, sin duda, merece reconocimiento. Pero carajo, preguntémonos

¿por qué tendría que existir un patronato para dotar de insumos a una institución pública?

¿Por qué tenemos que agradecer que haya gasas, jeringas o artículos básicos para que un hospital pueda funcionar? ¿En qué momento lo extraordinario se convirtió en algo que debemos celebrar como si fuera lo normal?

Y no se trata de cuestionar la labor de quienes integran el patronato. Al contrario. Qué bueno que están. Qué bueno que ayudan. Qué bueno que hay personas dispuestas a poner tiempo, recursos y esfuerzo para que otros tengan atención. El problema es que su existencia no debería convertirse en sustituto de las obligaciones que corresponden a las instituciones públicas.

Veamos, por lo que se ve en redes oficiales, son varios los apoyos que se han solicitado para traslados en ambulancia. Sí, señor: una sola ambulancia para atender un hospital que recibe pacientes no solamente de Tecomán, sino también de Armería y de otras zonas, además de personas que llegan de fuera del estado.

Un traslado en ambulancia puede representar, de acuerdo con lo que se ha señalado, alrededor de 5 mil 500 pesos como mínimo, ahora imagine usted a la persona que necesita ese traslado.

Quien llega a un hospital público como éste es, en buena medida, alguien que busca una alternativa de atención fuera del IMSS que paga junto con un patrón. Pensemos entonces en las familias que viven de un empleo informal, en quienes no tienen seguridad social y en quienes una emergencia médica ya representa, de entrada, un golpe económico.

¿De dónde van a sacar otros 5 mil 500 pesos? Una emergencia no pregunta cuánto gana usted.

Y mientras tanto, pensemos en el personal, sin duda un gran recurso humano que sostiene un hospital muchas veces con algo que ni de broma aparece en las estadísticas: capacidad para resolver con lo que tiene.

Es triste pensar en trabajadores que tienen que apretar los labios ante cada situación de emergencia, hacer cuentas, buscar alternativas y quebrarse la cabeza para resolver la contingencia de un paciente.

Amigos de las trancas, el médico puede tener conocimiento, la enfermera puede tener experiencia, el trabajador puede tener toda la disposición. Pero si no hay insumos, equipo o capacidad suficiente para responder, la voluntad tiene un límite.

Hace unos días vi en redes una denuncia: una fotografía tomada al interior del hospital en la que se señalaba la falta de agua de garrafón. Días sin agua. Y, según la denuncia, no era la primera vez.

Puede parecer un asunto menor para quien está sentado cómodamente en su casa. Pero pregúntele a quien pasa horas trabajando dentro de un hospital si tener agua para beber es un lujo.

En espacios de denuncia interna, incluso las personas relacionadas con los propios patronatos han señalado que también se han encontrado con la falta de insumos, pasó con el hospital regional, allá donde se supone están mejor. Entonces uno vuelve a la pregunta inicial: Si quienes ayudan también tienen que sortear las carencias, ¿quién está sosteniendo realmente al hospital?

Creo firmemente que una cosa es que la sociedad se organice para ayudar a quien lo necesita. Y otra muy distinta es que la solidaridad termine convirtiéndose en parte indispensable de la operación cotidiana de una institución pública.

No cuestiono al patronato.

No cuestiono al personal.

No cuestiono a quienes donan.

Cuestiono que tengamos que necesitarlos para cosas que deberían estar garantizadas.

En el hospital, detrás de cada gasa, cada jeringa, cada traslado y cada botella de agua hay algo mucho más importante que una cifra o una publicación en redes sociales: hay un paciente esperando atención. Y ese paciente no debería depender de que alguien tenga la generosidad de donar lo que el sistema no alcanzó a proporcionar.

Desde las Trancas, una pregunta es suficiente para exponer la situación: ¿Cuánto más puede sostenerse un hospital público a fuerza de buena voluntad (social y de personal)?. Llevamos demasiado tiempo normalizando la carencia. Y es cierto que La buena voluntad ayuda a un hospital, pero no debería ser lo que lo mantiene de pie, esa es la diferencia entre un sistema que funciona y uno que simplemente está sobreviviendo.

Volvemos los martes, o antes, según el ruedo….Desde las Trancas