El acoso laboral puede comenzar de manera silenciosa, con críticas constantes, aislamiento, burlas, humillaciones o cargas de trabajo injustificadas, hasta convertir el espacio laboral en un ambiente hostil y, en algunos casos, llevar a la persona a considerar la renuncia como única salida.
La abogada y maestra Isis Sánchez Llerenas explicó que uno de los principales problemas es que estas conductas suelen confundirse con conflictos normales entre compañeros o con exigencias propias del trabajo.
“El objetivo puede llegar a ser hacerle la vida imposible a la persona hasta que renuncie”, señaló.
Sin embargo, aclaró que una discusión o una crítica aislada no necesariamente constituye acoso.
Uno de los elementos que deben considerarse es la repetición y permanencia de las conductas hostiles, las cuales pueden darse entre compañeros, de un superior hacia un subordinado e incluso, aunque con menor frecuencia, de trabajadores hacia sus superiores.
Entre las señales de alerta mencionó el aislamiento, humillaciones, rumores, descrédito, críticas sin fundamento, asignación de tareas ajenas al puesto o acciones destinadas a prolongar innecesariamente la jornada laboral.
La especialista recomendó atender estas situaciones desde sus primeras manifestaciones y no esperar a que el problema se vuelva permanente.
“No hay que esperar a que pase una, pasa dos, pasa tres. Desde la primera podemos empezar a elaborarlo, a trabajarlo de cierta manera”, afirmó.
Sánchez Llerenas destacó que las empresas deben contar con mecanismos para prevenir y atender factores de riesgo psicosocial, así como canales claros para recibir quejas.
En caso de enfrentar una situación de este tipo, recomendó acudir a Recursos Humanos o a un superior jerárquico, siempre que no sea quien ejerce las conductas señaladas. Si el problema persiste, el trabajador puede recurrir a las instancias de conciliación y, dependiendo de las circunstancias, buscar las alternativas legales correspondientes.
La especialista llamó finalmente a no normalizar prácticas que, bajo el argumento de exigir resultados, terminan convirtiéndose en intimidación, humillación o desgaste constante, pues un ambiente laboral respetuoso también forma parte de la responsabilidad de las organizaciones.
