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Sembrar oportunidades, cosechar desarrollo

Por Hugo Ramírez Pulido

Las economías más sólidas no se construyen únicamente con grandes inversiones o cifras macroeconómicas; se consolidan cuando las personas encuentran oportunidades para emprender, trabajar y crecer en el lugar donde nacieron. Esa ha sido una de las líneas que, de manera constante, ha buscado impulsar la gobernadora Indira Vizcaíno Silva: fortalecer la economía desde las personas, convencida de que el desarrollo comienza cuando el gobierno crea las condiciones para que el talento de la población pueda convertirse en bienestar.

Bajo esa visión, el programa Impulso Joven representa mucho más que una bolsa de créditos. Detrás de este esquema existe un mensaje claro: el emprendimiento juvenil no debe verse como una aventura individual, sino como una apuesta estratégica para el futuro de Colima. Cuando un joven recibe las herramientas para abrir un negocio, no solo mejora su propia economía; también genera empleo, mueve el comercio local y fortalece el tejido productivo de su comunidad.

El impacto puede parecer pequeño al principio, pero suele multiplicarse con el tiempo. Un crédito puede convertirse en el equipo necesario para un taller mecánico, en la maquinaria para un negocio de alimentos, en el inventario inicial de una tienda o en el capital para un proyecto tecnológico. Son empresas que nacen desde abajo, pero que, con acompañamiento y perseverancia, pueden convertirse en fuentes permanentes de empleo. Esa es precisamente la lógica que ha venido impulsando la administración estatal: invertir en las capacidades de la gente antes que esperar únicamente la llegada de grandes corporativos.

Esta forma de entender el desarrollo también explica por qué el gobierno estatal ha decidido fortalecer la atracción de inversiones mediante la integración del nuevo Comité Promotor de Inversiones. La visión de Indira Vizcaíno ha sido insistente en un punto: Colima no puede limitarse a esperar que las empresas lleguen por sí solas; es necesario salir a competir, mostrar las ventajas del estado, simplificar procesos y construir confianza con quienes buscan un lugar para invertir.

Hoy, las empresas no solo analizan incentivos económicos. También observan la estabilidad institucional, la rapidez en los trámites, la infraestructura disponible y la disposición de las autoridades para acompañar sus proyectos. En ese sentido, Colima comienza a posicionarse con una estrategia que combina promoción económica, certeza jurídica y una política pública orientada a facilitar la inversión productiva, aprovechando activos tan importantes como el puerto de Manzanillo, su ubicación logística y el potencial de sus distintos sectores económicos.

La apuesta de la gobernadora ha sido entender que el desarrollo no depende de una sola fórmula. Mientras los programas de financiamiento fortalecen a quienes desean emprender desde lo local, la atracción de nuevas inversiones amplía el mercado laboral y genera una mayor derrama económica. Son dos caminos distintos que convergen en un mismo objetivo: construir un estado con más oportunidades para todas y todos.

Desde el inicio de su administración, Vizcaíno Silva ha sostenido que gobernar también significa generar condiciones para que las familias puedan salir adelante con su propio esfuerzo. Esa visión se refleja en políticas que buscan abrir puertas en lugar de crear dependencia, respaldar proyectos en lugar de frenarlos y convertir el talento de las y los colimenses en uno de los principales motores del crecimiento.

Porque, al final, el verdadero desarrollo no se mide únicamente por los anuncios de inversión o por el monto de los créditos entregados. Se mide por los negocios que logran consolidarse, por los empleos que permanecen, por los jóvenes que encuentran oportunidades sin abandonar su tierra y por las familias que mejoran su calidad de vida. Cuando una política pública logra que esas historias se multipliquen, deja de ser un programa de gobierno para convertirse en una estrategia de transformación con visión de futuro.