Aunque la mayoría de las familias que buscan a sus seres queridos anhelan encontrarlos para darles sepultura digna, existen casos —pocos, pero reales— en los que los propios padres se niegan a recibir el cuerpo de sus hijos cuando estos son localizados sin vida.
Así lo señaló Candelaria Huerta Pizano, integrante del Colectivo Solidario de Búsqueda de Personas, quien explicó que en algunas ocasiones el enojo, la decepción o el reproche por el camino que tomaron sus hijos lleva a las familias a rechazar hacerse cargo de los restos.
“Son casos contados, pero sí se dan. Hay papás o mamás que dicen que no lo quieren recibir porque ‘él se lo buscó’, porque andaba en cosas que no les gustaban”, comentó.
Ante estas situaciones, integrantes del colectivo suelen intervenir para intentar persuadir a las familias y recordarles el vínculo que tuvieron con sus hijos. En algunos casos incluso acuden personalmente a dialogar con ellos para pedirles que acepten el cuerpo y puedan darle sepultura.
Huerta Pizano explicó que cuando logran convencerlos también buscan apoyarlos con parte de los gastos funerarios. Sin embargo, lamentó que no siempre se consigue el acuerdo y que ha habido ocasiones en las que el cuerpo termina en la fosa común.
Para la buscadora, estos casos reflejan las profundas heridas que dejan las desapariciones y evidencian la necesidad de apoyo psicológico para las familias que enfrentan el duelo y el conflicto emocional.
“Nosotras nos arriesgamos buscando para darles algo de paz a las familias, para que sepan dónde están. Por eso duele cuando hay madres que dicen que no lo quieren recibir”, expresó.
Aunque no son numerosos, estos casos muestran otra dimensión del drama de las desapariciones: la fractura familiar que puede persistir incluso después de la muerte.
