Julieta Cisneros, ciudadana de Tecomán denunció públicamente haber sido excluida del ritual de vestimenta de la Virgen de la Candelaria, pese a haber sido la persona seleccionada y responsable de donar el vestido para el novenario, un acto que tiene un profundo significado religioso, personal y comunitario para los habitantes del municipio.
De acuerdo con su testimonio, el proceso se le presentó como un acto privado en el que únicamente participarían ella y la diseñadora del vestido. Sin embargo, al llegar al lugar, encontró a varias personas que no fueron sorteadas este año ni participaron en la confección o donación del atuendo, pero que sí tuvieron acceso pleno al ritual y asumieron el control del mismo. En contraste, a la donadora no se le permitió acomodar ninguna parte del vestido ni participar en el acto, quedando relegada únicamente a observar.
La denunciante señaló que nunca fue informada previamente por el responsable, Andrés Iglesias, de que no podría participar activamente, lo que —afirma— genera una contradicción grave: se abre la posibilidad a nuevos donadores mediante un sorteo, pero en la práctica se les limita y excluye sin reglas claras. Consideró que, si existen jerarquías, preferencias o normas no escritas, estas deberían comunicarse desde el inicio para evitar falsas expectativas y decepciones profundas.
En su caso, explicó que la donación tenía un significado aún más especial, ya que su madre, una reconocida catequista y devota de la Virgen de la Candelaria, atraviesa un delicado estado de salud. Vestir juntas a la imagen habría sido un momento irrepetible a nivel personal y familiar.
Además, aclaró que respeta las tradiciones y el servicio de quienes llevan años participando en la vida de la iglesia, pero subrayó que la tradición no debe usarse como justificación para desplazar a quien, conforme a las propias reglas, obtuvo el derecho y asumió la responsabilidad de donar el vestido. Añadió que no se puede afirmar que esta fiesta es del pueblo y de todos si, en los hechos, solo unos cuantos deciden y participan.
Finalmente, precisó que su pronunciamiento no busca confrontar al clero ni a las autoridades religiosas, a quienes respeta, sino visibilizar una situación que considera injusta y dolorosa. Reiteró que continúa siendo devota y creyente, pero sostuvo que la fe también se construye con coherencia, sensibilidad humana y verdad, y que guardar silencio ante una injusticia no es un acto de fe.
