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Gaby, una más que no debió faltar

Por Yensuni López Aldape

Colima termina el día con un nudo en la garganta.

El asesinato de Gaby Mejía, exalcaldesa de Cuauhtémoc, entristece porque fue una mujer cercana, conocida, porque su nombre no era ajeno. Duele porque su historia podría ser la de muchas mujeres que un día deciden participar, opinar, ocupar un cargo, creer que desde ahí pueden hacer la diferencia.

Ser mujer y estar en política nunca ha sido fácil. Se exige más, se cuestiona más, se juzga más. Hay que demostrar doblemente la capacidad, la honestidad, la fuerza. Y aun así, muchas lo intentan, convencidas de que algo tiene que cambiar.

No importa de qué partido, ni en qué administración. Importa que estaba viva, con proyectos, con familia, con un recién nacido al que no volverá a ver. Eso es lo que rompe. Eso es lo que no se puede normalizar.

En Colima, como en tantas partes del país, la violencia se volvió una sombra que todo lo alcanza. Y cuando toca a una mujer que ha estado en la vida pública, el mensaje cala más hondo: ni el servicio, ni la vocación, ni el cargo protegen de la brutalidad.

Hoy no se trata de hacer discursos ni de buscar responsables desde la comodidad del escritorio. Se trata de reconocer el vacío, de acompañar el duelo, de mirar lo que esto nos está diciendo como sociedad: que cada pérdida así nos vuelve un poco más fríos, más resignados, y no debería ser así.

Gaby ya no está.

Y ojalá que su ausencia no se diluya entre comunicados y promesas. Ojalá sirva, al menos, para no olvidar que detrás de cada cargo hay una persona. Que las mujeres que se atreven a estar ahí siguen enfrentando riesgos que nunca deberían existir.