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Desde las trancas…

Por Yensuni López Aldape

Han pasado días sin que esta columna aparezca, no porque falten temas —de esos siempre hay, y de sobra—, sino porque a veces el exceso de trabajo y la salud van cobrando facturas.

𝐋𝐚 𝐩𝐞𝐥𝐞𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐥𝐚 𝐞𝐬𝐭𝐫𝐞𝐥𝐥𝐢𝐭𝐚 𝐞𝐧 𝐂𝐞𝐫𝐫𝐨 𝐝𝐞 𝐎𝐫𝐭𝐞𝐠𝐚

El decreto de expropiación que, después de 40 años, dará certeza jurídica a unas 350 familias de la colonia Hermanos Leaño en Cerro de Ortega, debería ser una noticia que se contara sola: un acto de justicia largamente esperado, una deuda saldada con la gente. Pero no. Aquí todo tiene dueño, padrino político o aspirante a colgarse la medalla.

La primera versión que circuló fue la nota formal: se publicó en el Periódico Oficial del Estado, con la firma de la gobernadora Indira Vizcaíno y del secretario general de Gobierno, y con los detalles técnicos y financieros de la expropiación. El exalcalde Elías Lozano Ochoa publicó en redes, con moderación y cierto tino político, que le daba gusto haber sido parte de este logro, reconociendo el papel de la gobernadora en que se concretara. Ni más, ni menos.

Pero apenas un día después, el boletín oficial de la administración municipal encabezada por Armando Reyna pintó otra escena. Armando llegó hasta la colonia Hermanos Leaño para “dar la buena nueva”, rodeado de funcionarios municipales, sin la compañía —eso sí— del regidor originario de la comunidad, no fuera a ser que alguien más se llevara tantita luz del reflector. Y desde ahí, con discurso solemne, se adjudicó la paternidad política de la gestión: que si “desde el inicio de esta administración trabajamos con firmeza”, que si “nunca dejamos de tocar puertas”, que si “gracias a nuestra insistencia hoy se avanza”.

Lo curioso es que los tiempos no mienten: la solicitud formal del procedimiento expropiatorio se hizo en marzo de 2024, cuando todavía gobernaba Lozano Ochoa, con aval unánime del cabildo. El decreto lo firma la gobernadora en septiembre de 2025. ¿Dónde queda entonces la narrativa del “todo gracias a mí”? Pues en el terreno fértil del marketing político en tiempos de preferencia electoral.

Nosotros, los que vemos, los que sí vemos, conocemos bien que los logros colectivos en Colima siempre se convierten en botín del discurso. Uno dice “fui parte”, el otro asegura “fui el protagonista”, y al final la ciudadanía queda reducida a público en una función de a ver quién brilla más. Mientras tanto, las familias de Cerro de Ortega esperan que esta vez sí las promesas se materialicen en escrituras y no se queden en discursos de ocasión.

Porque al final, ni la tierra ni la certeza jurídica votan. Pero la gente, sí. Y ahí es donde cada político anda buscando la estrella, aunque el escenario sea un terreno que la gente lleva cuatro décadas esperando legalizar.


𝐄𝐥 𝐛𝐚𝐬𝐮𝐫𝐞𝐫𝐨: 𝐥𝐚 𝐡𝐞𝐫𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐚𝐝𝐢𝐞 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐞 𝐫𝐞𝐜𝐥𝐚𝐦𝐚𝐫

Y ya que hablamos de problemas de décadas, vámonos a otro: el basurero municipal. Ese que cada mañana nos recuerda su existencia con columnas de humo y olor a tóxico.

Hay que ser justos en historia, al exalcalde Guadalupe García se le pueden criticar muchas cosas, y todas con justa razón. Pero en su periodo el basurero estuvo bajo control, sin incendios. El fuego que hasta hoy —sí, hasta hoy— no se ha apagado, comenzó durante la administración de Elías Lozano. Y es justo decir que tampoco fue prioridad para él. Nunca tomó en serio las denuncias, mucho menos destinó recursos suficientes para dar una solución, si no definitiva, al menos constante.

Armando Reyna ya va a cumplir un año en el cargo y tampoco da señales de querer resolver algo. El incendio ahí sigue, como un mal silencioso que contamina el aire y el subsuelo. Discretamente se va infiltrando, pero con consecuencias graves. Los más cercanos al relleno ya las están padeciendo: productores que han visto morir a su ganado o enfermar su piel a causa de los contaminantes. Pero seguramente, si se le pregunta al alcalde, saldrá con la misma respuesta que dio sobre el diésel de los camiones: “eso no es cierto, y lo puedo comprobar”.

Sería interesante que con la misma prisa con la que Elías celebró y Armando corrió a Cerro de Ortega a querer posar como protagonista de la expropiación, se pararan en el relleno sanitario a dar la cara. Ahhh, pero ahí está el detalle: la basura no vota.


𝐓𝐞𝐜𝐨𝐦𝐚́𝐧 𝐲 𝐥𝐚 𝐬𝐚𝐥𝐮𝐝, 𝐥𝐚 𝐨𝐭𝐫𝐚 𝐜𝐚𝐫𝐚

El primer caso de sarampión en Colima se registró en Tecomán. Con ello, nuestro municipio se suma a los reportes que ya existen en el país. Pero no es el único frente abierto en materia de salud. Aquí los casos de tuberculosis siguen en aumento; médicos del propio hospital reconocen que nunca ha sido erradicada en Tecomán. A ello se suma una enfermedad silenciosa, con varios casos ya documentados: la lepra.

Mientras tanto, el Hospital General está sobrepasado en su capacidad. Y de la tan anunciada primera piedra de la nueva clínica del IMSS, todavía no se escucha nada. Hay que decirlo también: aunque llegara esa clínica, no resolvería la carga del hospital. Esa es la realidad que se vive en Tecomán en materia de salud: una atención al límite, con enfermedades que resurgen y otras que se abren paso. Así como le abrieron paso a Mario Delgado los estudiantes en el evento de Becas, justo así, a ritmo del baile de caballito, con la diferencia de que a ellos sí los organizaron antes y como operativo militar, les dieron la instrucción “ya ya ya…”


𝐎𝐜𝐭𝐮𝐛𝐫𝐞, 𝐮𝐧 𝐦𝐞𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐭𝐨𝐜𝐚 𝐟𝐢𝐛𝐫𝐚𝐬

Llegamos a octubre, mes de la lucha contra el cáncer, este año dedicado a todas aquellas mujeres que perdieron la batalla. Vale la pena acudir, revisarse, prevenir… en honor a ellas, que apagaron su luz pero nunca sus sonrisas. En honor a ellas, como mi madre, que ni siquiera tuvo la oportunidad de pelear, pero que dejó una voz fuerte y sin trabas en esta hija que escribe, y que mientras tenga vida y fuerzas seguirá explotando ese legado.

Nos leemos, Desde las Trancas, porque vemos que el ruedo comienza a levantar polvadera, esperemos más, por ahora queda saber si siempre habrá o no impugnación en la tiendita de abarrotes del PAN de Tecomán, que porque las cuentas no cuadraron.