Por Yensuni López Aldape
Uno pensaría que después de las decepcionantes sesiones de cabildo y las transmisiones en vivo que confunden gobernar con grabar TikToks, ya no habría espacio para más sorpresas en Tecomán. Pero no. El Ayuntamiento se supera a sí mismo… con pistola en mano y pastel en la otra.
Ayer, largo rato pensé y observé, cómo desde la página oficial del gobierno municipal se lanzaba una peculiar convocatoria: si tu hijo o hija sueña con tener una fiesta de cumpleaños con temática de policías, ellos —el ayuntamiento y la Dirección de Seguridad Pública— te arman el paquete completo. Incluye: decoración del azul institucional, presencia de patrullas, dinámicas, regalito, sonrisas… y, claro, policías armados para tomarse la foto del recuerdo. En una de las imágenes promocionales, un menor aparece abrazado de sus padres, mientras a los lados posan elementos armados, uno de ellos con fusil de cargo. Como si fuera una escena tierna. Como si no estuviéramos en México.
Lo más triste es que ni siquiera sorprende. Aquí la publicidad oficial hace mucho que cruzó la frontera de lo ético. Y sin embargo, cada vez que creemos que ya no pueden más… se superan.
Entiendo que el objetivo —en teoría— es el acercamiento a la comunidad. Entiendo que quieren “humanizar” al policía. Que buscan ganarse a la niñez con estrategias de proximidad. Pero hay una diferencia abismal entre la proximidad social y el espectáculo populista con uniforme. Entre la pedagogía ciudadana y el show armado.
Porque en la práctica, lo que se está promoviendo es una estetización del poder armado. Es normalizar la presencia de armas largas en entornos festivos. Es convertir la imagen institucional en parte del decorado, como si los policías fueran animadores de fiesta. Como si su función se limitara a generar “likes”, no seguridad.
Esto no sería tan grave si se tratara de una ocurrencia aislada. Pero no. En el fondo, lo que evidencia es una visión profundamente distorsionada de lo que debería ser la seguridad pública. Mientras los delitos de alto impacto persisten, mientras los tiempos de respuesta siguen siendo lentos, mientras el salario de un policía en Tecomán —como en buena parte del país— es de los más bajos, se destina personal, logística y recursos para acudir a fiestas infantiles. ¿Cuánto cuesta este “combo cumpleañero”? ¿De qué presupuesto sale? ¿A costa de qué tareas se cubre?
Lo paradójico es que ni los propios policías están convencidos de esta estrategia. ¿De verdad creen que quienes patrullan calles con un salario indigno, sin seguro real, sin herramientas suficientes, ahora también deben ir a bailar a fiestas infantiles para ganar puntos en redes sociales? ¿Esto también va en su hoja de servicio?
Analicemos ahora el simbolismo, lo que se proyecta es igual de preocupante. En un país donde miles de familias buscan a sus hijos desaparecidos, donde la impunidad campea y la credibilidad de las fuerzas de seguridad está por los suelos, mostrar a policías armados como “protagonistas de fiesta” no sólo es insensible: es ofensivo.
Así lo expresaron ciudadanas en los propios comentarios del post oficial. María Andrade, seguidora de la página del municipio, escribió: “Se trata de hacer realidad un sueño. El mío es encontrar a mi hijo. Ya cuatro largos años sin saber de él. Ayúdenme a hacer mi sueño realidad, señores policías.”
Otra usuaria, Dulcecita Mía Medina, agregó: “Si se trata de ayudar, ayúdenme a encontrar a mi hija. Cuatro amargos años sin noticias de ella. Habemos muchas madres y padres buscando a nuestros hijos.”
¿Qué puede responder una institución a esos comentarios? Ah! cierto, que no es responsabilidad municipal el tema. Luego entonces ¿Qué argumento justifica que, en lugar de priorizar otros temas, les estén tomando la foto con pastel de vainilla?
Aquí no se trata de ser mojigatos, ni de estar contra toda iniciativa. Es válido querer acercarse a la ciudadanía, sobre todo en tiempos donde la distancia entre el poder y el pueblo se ha vuelto abismal. Pero ese acercamiento tiene que ser digno, educativo, sensible y estructurado. No un espectáculo de cumpleaños con armas de por medio.
Existen mecanismos reales de proximidad: jornadas cívicas, visitas escolares, charlas de prevención, campañas de cultura vial, talleres comunitarios. Espacios donde el uniforme se respete y se explica el trabajo oficial. Donde la función policial se entiende, no se banaliza.
Pero no. Aquí se prefiere el “acercamiento exprés”, el de las fotos, el de los globitos, el del show. El de convertir a la corporación en una especie de grupo de animación institucional, como si eso resolviera el fondo del problema.
¿El siguiente paso? Un “strip-police” para mamás en fiestas del 10 de mayo o clausuras escolares. Total, ya están adentro del paquete.
Y mientras tanto, seguimos viendo cómo la imagen institucional se diluye entre likes, mientras las verdaderas tareas de seguridad se acumulan. Porque en Tecomán, ser policía implica muchas cosas, menos ganar bien y ser respetado. Aquí el uniforme pesa más como disfraz que como símbolo de justicia.
A la administración municipal, solo una cosa le diría: piensen más allá del impacto visual. Entiendan que la ciudadanía no quiere solo sonrisas fingidas y decorados de cartón. Quiere resultados. Quiere paz. Quiere encontrar a sus hijos. Quiere confiar… Y eso no se logra con globos y armas largas en la misma foto.
Nos leemos en un par de semanas. Desde las Trancas se toma un respiro, porque aunque la política local no descansa —o quizá sea lo único que sí hace—, una también necesita aire antes de volver a meter las botas al lodazal. Pero regreso. Porque si algo tenemos claro es que mientras algunos se disfrazan de servidores públicos, otros seguimos firmes con la pluma lista y la conciencia despierta. Hasta pronto.
