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Si está lloviendo, que se mojen

Por Yensuni López Aldape

En esta noble y cada vez más solitaria tarea de observar lo público —no desde la comodidad de una curul o desde el blindaje del cargo, sino desde la trinchera del periodismo— una se topa cada vez más con personajes que exigen respeto, pero no aceptan el espejo.

Y no hablo solo de partidos. Hablo de esa clase política que se ha vuelto especialista en ponerse el chaleco de víctimas cuando se les señala lo obvio: que cobran con dinero público y, por lo tanto, su trabajo debe poder ser revisado, criticado, cuestionado y —cuando hay mérito— hasta aplaudido. Pero primero, lo primero: que trabajen.

Hay una idea errónea, pero muy instalada, de que el periodismo tiene que “dar voz a todas las partes” como si eso bastara para contar la verdad. Como si decir “uno dice que llueve y el otro que no” fuera suficiente. No. El verdadero periodismo abre la ventana, saca la cabeza y les dice: Está lloviendo, señores. Y si no les gusta mojarse, no salgan sin paraguas.

Lo digo con el respeto que se le debe a quien ocupa un cargo público, pero también con el derecho que le da a todo ciudadano el ver las deficiencias de gobierno, los hospitales sin médicos suficientes, los cabildos convertidos en sesiones de siesta. Porque al final, la culpa no es solo del funcionario que no trabaja, sino del sistema que lo protege y del silencio que lo encubre.

Este oficio no se trata de caerle mal a medio mundo (aunque a veces se logra con facilidad). Se trata de incomodar lo suficiente para que alguien se pregunte, al menos por un instante si está haciendo lo correcto. Se trata de provocar autocrítica, no acusaciones. Reflexión, no linchamiento.

Si eso molesta es bueno. Porque si se dicen servidores públicos, y si sus sueldos salen de los impuestos, entonces que tengan la madurez de verse al espejo sin romperlo. Porque quien no resiste la crítica, tampoco merece el cargo.

Y ya entrando en materia, Movimiento Ciudadano —el partido que dice ser diferente pero que cada vez se parece más a lo mismo de siempre— ha demostrado en Tecomán, que se puede vestir de ciudadano mientras se actúa como franquicia familiar. Y que se puede gritar “¡alternancia!” mientras se acomoda al hermano en la nómina.

Aquí tenemos el caso del regidor Cruz Rendel, quien llegó con aura de influencer de la esperanza y un historial actoral, pero el problema no es que haya sido o sea actor. El problema es que se haya quedado en el papel. Porque en el cabildo, su actuación ha sido más de fondo que de forma. Más de relleno que de protagonista. De prometer ser protagonista y acabar de extra.

Lo que muchos quizá no sabían es que su hermano es dirigente del partido naranja en Tecomán (le ponen coordinador municipal), vaya talento genético hay en el municipio ¿O simplemente los nuevos Orozco pero en versión melodrama naranja?.

Y uno pensaría que MC, que tanto presume modernidad, estaría ajeno a esas viejas mañas… pero no. Y no es que no hayan tenido oportunidad. El anterior regidor, Roberto Verduzco, al menos se paraba en el cabildo, secundaba ideas ajenas, es cierto, pero tenía representación del sector empresarial. Pero hoy, lo que hay es presencia fantasmal del MC. Silencio en las sesiones, ausencia de propuestas.

MC ha querido vender la idea de la “tercera vía”, pero en Tecomán parece más una vía de escape que en vez de ciudadanizar, ha neutralizado. En vez de proponer, ha flotado. Y en vez de incomodar al sistema, se ha integrado. Se han montado en el discurso de “somos diferentes”, pero repiten los mismos vicios, solo que con otro filtro. Ya ni los mercaditos naranjas se ponen.

Ahora bien, no todo está perdido. De todos los partidos políticos, en las pasadas elecciones 2025 quien más creció a nivel nacional fue Movimiento Ciudadano, en Veracruz y Durango sumó más de 670 mil votos, con los que ganó un total de 44 alcaldías (41 en el primero y 3 en el segundo estado). En lo local hay que decirlo, el PRI está desfondado, el PAN ya ni aparece, y Morena comienza a tener el desgaste del poder sin resolver. Con ese panorama, si Movimiento Ciudadano quisiera, podría ocupar ese vacío en Tecomán y Colima. Pero para eso necesita trabajo de base, estructura real, propuestas tangibles y figuras que no dependan del apellido, del hermano dirigente o del talento actoral.

En resumen: que se pongan a trabajar. Que bajen de la nube del marketing político y se enfrenten al verdadero guion: el que escriben los ciudadanos, con necesidades reales y esperanzas desgastadas. Porque si esta historia sigue sin rumbo, los votantes dejarán de sintonizar. Y ahí sí, no habrá productor ni frase de telenovela que los salve.

Me despido con un detalle digno de risa: ¿ya notaron que nuestros regidores parecen tienda en remate? De pronto a casi todos les dio por anunciar “convenios” de descuento en servicios básicos de salud… como si fueran benefactores del pueblo y no simples intermediarios del derecho que deberían garantizar. Porque seamos honestos, si hicieran bien su chamba, los ciudadanos no tendrían que andar buscando rebajitas, sino ejercer su derecho a la salud como corresponde.

El caso más “divertido” es el de la regidora Gina Camacho, quien —con una sonrisa digna de comercial— presume un “descuento especial” en un servicio médico que cuesta 500 pesos. ¿Y saben cuánto es el gran beneficio? 50 pesos. Es decir, el ciudadano afortunado solo pagará 450. ¡Un ofertón!, claro… siempre y cuando primero vaya a las oficinas del cabildo a solicitar el descuento. Porque obvio, tiene que haber foto. No vaya a ser que el apoyo se entregue sin pose… Eso sí: el ciudadano debe ir preparado con sus 50 pesos del taxi, porque la generosidad no incluye el transporte. El chiste se cuenta solo.

Nos leemos el próximo martes. Desde las Trancas, por hoy ya siento el aire de La Rosa de Guadalupe que anuncia las vacaciones. (Voces de ángeles) ahhh ahhh ahhh!!! (léanlo en tono canto por favor).