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Nombramientos al vapor, leyes al olvido y la paridad de ‘Decoración’

Por Yensuni López Aldape


Lo sucedido en la sesión extraordinaria de cabildo de hoy viernes en Tecomán no es un detalle menor ni una “decisión administrativa temporal”. Es un acto ilegal, y como tal debe llamarse.
El alcalde Armando Reyna Magaña propuso —y los regidores aprobaron por unanimidad— el nombramiento de un “Oficial Mayor interino”, una figura que no existe ni en el Reglamento del Municipio ni en la Ley del Municipio Libre del Estado de Colima.


Y no se trata de un tecnicismo. Según la propia Ley, el presidente municipal está obligado a nombrar a los titulares de las áreas de primer nivel desde el inicio de su administración. No hay espacio para interinatos, encargados del despacho eternos, ni vacíos administrativos disfrazados de discrecionalidad. La figura “interina” no está contemplada porque las funciones que se ejercen desde esos cargos requieren legalidad plena. Cualquier acto administrativo que emita una persona no facultada legalmente puede ser impugnado y declarado nulo. Así de simple.


El regidor Abraham Reyes Haro, el único que expuso el error y lo evidenció, debe estar haciendo malabares con la congruencia. Hay que reconocerle que al menos leyó el reglamento. Sin embargo, su postura terminó por desinflarse al votar a favor del nombramiento, dejando una estela de incongruencia que le resta seriedad a sus propias palabras. No basta con señalar lo indebido si al final se convalida con el voto. La congruencia no se queda en el micrófono, se demuestra en el tablero.


Otra regidora que, según se dijo, llegó al cabildo peleando por la paridad de género, no dijo ni “pio”, ni siquiera un triste posicionamiento elaborado por algún asesor, si es que le da el recurso para pagar a alguno. Es lamentable que llegara enarbolando la bandera de la paridad y ante la situación no haya hecho ningún pronunciamiento sobre aquello por lo que, se supone, tanto luchó. A menos que solo haya sido el salario lo que peleaba, pero no creo.


Elías Lozano tenía muchas cosas por señalar, pero al menos contaba con una secretaría mujer, oficial mayor mujer, y más allá de sus enojos con Chamuco Anguiano, respondía a los cuestionamientos de los regidores con un poco más de amabilidad y explicación. A veces sus respuestas no tenían sentido, pero se esmeraba en darlas.


Más preocupante aún, es que este nombramiento se da a cinco meses del inicio de la administración, lo que contradice el argumento de que es una “decisión apresurada” o “provisional”. Si en cinco meses no se ha podido nombrar legalmente a los titulares de áreas clave, como la Comapat, donde aún no hay un director, lo que hay es ineficiencia institucional, desinterés o franco desconocimiento de la ley.


Y como si la ilegalidad no fuera suficiente, hay otro agravante: la ruptura de la paridad de género en el gabinete municipal. El cargo vacante era ocupado por una mujer, y su reemplazo —también sin sustento legal— es un hombre. Este cambio desequilibra la ya endeble presencia femenina en los espacios de decisión del gobierno local. No solo se viola el marco legal municipal, también se desoye el mandato constitucional de garantizar una administración paritaria.


El mensaje que se manda a la ciudadanía es peligroso: que la ley se puede interpretar a conveniencia, que los reglamentos son flexibles si hay mayoría en Cabildo, y que la institucionalidad se puede negociar en lo oscurito. Eso no es gobernar, es desmontar el Estado de Derecho pieza por pieza.
Hay que decirlo con claridad: los nombramientos ilegales no solo generan incertidumbre, sino que debilitan la legitimidad del gobierno y dejan expuesta a la administración ante posibles impugnaciones. Hoy es un interinato ilegal; mañana podría ser un contrato mal firmado, una licitación mal adjudicada o un gasto sin sustento.


Lo que me preocupa no es el nombramiento ilegal, sino el precedente de acomodar la ley magicamente gracias a la mayoría aplastante y a una oposición de adorno.


El municipio de Tecomán merece más que eso. Merece legalidad, seriedad, congruencia y respeto a las reglas del juego democrático. Si se quiere gobernar como en los viejos tiempos del rancho, está bien. Pero entonces no esperen que la ciudadanía se quede callada viendo cómo se les muere la ley en la puerta del corral.


Nos vemos el martes, antes… o después, ya no se sabe con tanto desorden en el corral.