En este momento estás viendo El Verde se pinta de guinda… y Virgilio se pinta solo

El Verde se pinta de guinda… y Virgilio se pinta solo

Por Yensuni López Aldape

En política, las alianzas se anuncian desde arriba, las inconformidades se cocinan abajo y, cuando las decisiones no gustan, comienzan los movimientos. Unos se quedan, otros se van del cargo y algunos aprovechan la sacudida para empezar a acomodarse donde quepan.

La conferencia de prensa de Virgilio Mendoza Amezcua no fue solamente el anuncio de una renuncia. Fue una señal contundente que seguramente tendrá eco nacional. En Colima el Partido Verde entra a una nueva etapa de reacomodos, justo cuando Morena y sus aliados necesitan resolver quién encabezará sus candidaturas y cómo se repartirán el poder rumbo a 2027.

Virgilio anunció que deja la dirigencia estatal del Partido Verde Ecologista de México porque no comparte la decisión de la dirigencia nacional de ir en alianza con Morena en Colima. Su explicación fue contundente: “El partido logró un gran acuerdo para el partido, no para Colima”.

Conviene no perder de vista el contexto. La diferencia entre Virgilio y Manuel Romero Coello sobre la alianza no apareció de un día para otro. Desde agosto, ambos habían exhibido posiciones encontradas sobre el rumbo del Verde en Colima. Después, la designación de Rosa María Bayardo como coordinadora estatal de Morena abrió otro frente de inconformidad, particularmente con el Partido del Trabajo y sus aspiraciones dentro de la coalición.

Así que la salida de Virgilio no ocurre en un partido donde todos caminaban tomados de la mano. Llega después de meses de diferencias sobre quién debe encabezar el proyecto rumbo a la gubernatura y qué lugar tendrán los intereses del Verde en una alianza donde Morena lleva el peso principal.

La pregunta de fondo es, ¿qué tan autónomo puede ser un partido aliado cuando la decisión nacional no coincide con los planes de sus liderazgos estatales?

Virgilio dice que la alianza no responde a los intereses de Colima. Sin embargo, tampoco renunció al Verde ni abandonó su bancada en el Senado. Dejó la dirigencia estatal, cuestionó la decisión y anunció que buscará construir un frente con actores de distintas fuerzas políticas y de la sociedad civil. Y no dejó escondida su aspiración: quiere gobernar Colima.

Aseguró que la candidatura tendría que definirse mediante acuerdos y que respaldaría a otro perfil si así lo determina el frente que propone. La cuestión será comprobar si esa mesa plural puede construirse con reglas claras y objetivos compartidos o si, al final, todo terminará girando alrededor de quién consigue la candidatura.

Todos sabemos que una cosa es convocar a partidos, empresarios, ciudadanos y liderazgos sociales, y otra lograr que todos acepten competir bajo un mismo proyecto cuando cada quien lleva sus propias aspiraciones en la bolsa.

Por lo pronto, Virgilio abrió una ruta alternativa, pero todavía no sabemos quiénes la acompañarán formalmente, qué partidos estarían dispuestos a sumarse ni cómo se resolvería la candidatura. El movimiento está anunciado; la estructura política todavía tendrá que demostrar que existe.

Mientras tanto, el Verde nacional deberá resolver otro asunto: quién toma las riendas de la dirigencia estatal y quién se sienta a negociar en nombre del partido. Lo pensó usted y lo pensé yo, Manuel Romero Coello se convertirá en una de las figuras centrales de la conducción estatal, al final del día se mantuvo fiel a Morena y algún premio debe tener.

Así terminamos la semana, se viene una avalancha de cambios que, a primera vista, podrían parecer fáciles de leer, pero no lo son. Porque el problema no termina con una renuncia: si la dirigencia nacional mantiene la alianza con Morena, alguien tendrá que operarla en Colima, negociar las candidaturas y convencer a los cuadros locales de que el acuerdo también les conviene. Lo interesante sería saber -después de que Morena consiguió imponer su ruta para la candidatura-, ¿qué tanto estará dispuesto a cederle al Verde? Porque una cosa es tener un aliado y otra tratarlo como mascota: darle una palmadita y algún premio cuando se porta bien, pero recordarle quién manda cuando llega la hora de repartir el poder.

Lo que sí está claro es que el reacomodo no se limita a una silla vacía. Quien conduzca al Verde tendrá que operar una alianza que el dirigente saliente cuestiona, mantener la estructura partidista y negociar candidaturas para una elección en la que estarán en juego la gubernatura, los diez ayuntamientos y el Congreso local. En pocas palabras, no basta con que las dirigencias nacionales anuncien que van juntas. Hay que lograr que los grupos locales acepten los acuerdos, que las estructuras trabajen y que las candidaturas no se conviertan en una colección de inconformidades.

En otras palabras, la alianza puede estar definida en la mesa nacional, pero la política se tendrá que hacer en todo el estado, en cada municipio. No pueden dar por hecho que todos caminarán contentos, con la misma meta y sin preguntar qué les toca.

Al final, Virgilio ya movió su pieza. El Verde tiene que decidir quién toma el timón y más de uno seguramente ya está calculando si este reacomodo le alcanza para conseguir un asiento en una planilla morenista.

Así que falta ver cómo se acomoda el tablero en los municipios y qué harán todos aquellos que se sumaron al Verde bajo el liderazgo estatal de Virgilio, algunos convencidos —según dijeron— de que era momento de buscar un cambio. Ahora tendrán que demostrar si esa convicción era de a deveras o si algunos simplemente encontraron en el partido una buena sombra donde guarecerse, confiados en que estar cobijados por Morena les garantizaría un lugarcito en el reparto político. Una cosa es sumarse a un proyecto por sus principios y otra muy distinta arrimarse al árbol que promete más sombra; cuando cambian los vientos, es cuando se sabe quién tenía raíces y quién nada más buscaba dónde acomodarse.

Y aterrizando en Tecomán, ¿alguien vio a Martín Pinto en la rueda de prensa?. Será tema de otras Trancas. Mientras tanto, este fin de semana atentos al otro huracán, que no sabe de política, Simon.