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No se apuntó, pero los números sí lo apuntaron

Por Yensuni López Aldape

Yo nunca he sido muy partidaria de las encuestas.

No porque necesariamente mientan, sino porque siempre he pensado que antes de enamorarnos de un porcentaje habría que preguntar quién la hizo, cómo la hizo, a quién preguntaron y quién pagó, sobre todo eso, creo que de ahí viene la veracidad de los resultados.

Pero la encuesta de Morena en Colima tiene algo que me parece mucho más divertido que cualquier porcentaje: ¿para qué necesitaban medir a Virgilio Mendoza?

Porque Virgilio había dicho claramente que no se iba a inscribir. Lo dijo antes. Lo volvió a decir después. Explicó incluso las condiciones bajo las cuales estaría dispuesto a participar y sostuvo que éstas no fueron aceptadas.

Entonces, si alguien ya te dijo que no quiere entrar a la medición, ¿qué necesidad había de meterlo?

Ahí es donde empiezan mis teorías de banqueta, de ésas que, los que andamos en las calles viendo cómo se porta la polaca comenzamos a hacer para reí un rato.

Una posibilidad es que Morena quisiera saber, de todos modos, qué tan fuerte era Virgilio.

Hasta ahí, lógico.

Otra es que quisieran comprobar que, efectivamente, no era un rival particularmente competitivo.

Pero, es aquí donde la cosa se les empieza a poner rara. Porque resulta que el señor al que midieron sin haberse inscrito ni hecho recorridos, obtuvo 19 por ciento en preferencia y quedó segundo, detrás de Rosi Bayardo, que obtuvo un “contrastante” 35 por ciento.

Analicemos un poco más a fondo, lo que mi pobre mente, mala para los números vislumbra:

Virgilio obtuvo 59.9 por ciento de conocimiento; 22 por ciento en disposición de voto; 23.7 por ciento en percepción como buen candidato y superó a Bayardo en conocimiento de la problemática del estado: 27.8 contra 26.1 por ciento.

Entonces aquello de “vamos a medirlo para ver qué tan fuerte está” pudo haber sido una idea razonable.

Lo que ya no sé es si después de ver los resultados alguien dijo:

—Bueno… quizá no era necesario medirlo.

Porque si la intención era demostrar que Virgilio no representaba gran cosa en la competencia, los propios números publicados por Morena no son precisamente los que uno esperaría para presumir que el experimento salió como estaba previsto.

Yo tengo otra teoría todavía más traviesa.

Que quizá al incluirlo, pese a que él había dicho que no participaría, también se buscara dejarlo en una posición incómoda: que después de aparecer en la encuesta alguien pudiera decir aquello de “pues sí estaba inscrito”, “pues sí participó” o, de plano, “Virgilio mintió”.

Porque hasta eso ocurrió en la discusión pública: mientras el senador sostenía que no se registró, circularon versiones que afirmaban lo contrario.

Si esa hubiera sido la intención, me parece que el tiro salió un poquito chueco. Porque ahora resulta que Virgilio puede decir: “Yo les dije que no me inscribí”.

Y Morena tiene que contestar:

“Bueno, sí, pero salió bien evaluado”.

Y cuando Virgilio pregunta por qué apareció, la respuesta de la dirigencia estatal es:

“Pregúntale a tu dirigencia nacional”. ¡Ah, Caray!

Uno ya no sabe si estamos hablando de una encuesta o de una búsqueda colectiva sobre quién dejó la puerta abierta.

Si Morena decidió medir a Virgilio sin que Virgilio se registrara, lo mínimo que uno esperaría es saber para qué. ¿Querían conocerlo?, ¿Querían saber qué tan competitivo era?, ¿Querían demostrar que no representaba una amenaza?…

Como respuesta a cualquiera de esas preguntas, hay que decirlo, los números publicados no ayudan demasiado a esa teoría ni a sus objetivos.

¿Querían dejarlo como mentiroso por decir que no se inscribió?

Tampoco resulta, porque la propia dirigencia estatal reconoce que fue incluido y, además, que salió bien evaluado.

Entonces, si alguna de esas teorías era la intención, hay que reconocer que el resultado fue bastante más entretenido de lo que seguramente esperaban.

“En veces” dijera mi abuela, uno quiere ponerle una tranca al de enfrente…y termina tropezándose con ella. Y ésta, queridos lectores, todavía está ahí.

En fin, más les hubiera valido dejar a Virgilio fuera de la encuesta. Porque, al menos desde mi lectura, el hombre que no quería participar terminó siendo uno de los que más terminó aprovechando la medición. Si lo hubieran dejado con los demás perfiles, hoy podrían presumir que Rosi ganó con amplitud, que los otros quedaron lejos y que Morena tenía una coordinadora prácticamente sin competencia. Pero no: fueron por Virgilio, lo metieron aunque él había dicho que no y acabaron regalándole varios números bastante decorosos.

Querían medir qué tan grande era el rival y terminaron dándonos la medida de su propia coordinadora. Y eso, mis queridos morenos, sí que fue un cálculo curioso. Porque dicho vulgarmente: como que les anda saliendo el tiro por la culata.

El proceso electoral se pone “güeno” dijera el chamaco aquel, y más dedos quisiera para escribir. En la siguiente analizamos una postura de no creer con el gobierno municipal en turno, o bueno, de sí creer, porque ya entrados en la antesala de las elecciones, el que trae más espuelas es el que hace que el caballo baile.