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Del residuo a remedio: el “aceite de sal” que surge de las Salineras de Cuyutlán

En las tradicionales Salineras de Cuyutlán, lo que por años fue considerado un simple sobrante del proceso salinero hoy despierta curiosidad entre visitantes, trabajadores y deportistas. Se trata del llamado “aceite de sal”, un subproducto que el artesano local Francisco López promueve como alternativa natural para aliviar dolores musculares y relajar el cuerpo.

Francisco explica que este líquido surge de los residuos que permanecen tras las sucesivas pizcas de sal, comparándolo con el suero que queda después de elaborar queso. “Cuando hacen leche, queda el suero; aquí pasa algo parecido. Después de sacar toda la sal, queda esto, que ya no sirve como sal, pero ayuda para los dolores musculares”, relata.

De color amarillo intenso, textura aceitosa y sensación caliente al contacto con la piel, el producto no es apto para consumo, pero ha comenzado a ganar fama por su uso tópico. El propio artesano cuenta que descubrió sus efectos tras largas jornadas en las charcas salineras.

“Cuando hice este sistema, noté que se me calentaban las piernas y cuando me untaba este aceitito, se me quitaba el dolor en un ratillo”, comenta. A partir de esa experiencia decidió compartirlo con personas cercanas: músicos, trabajadores y jugadores deportivos, quienes —según afirma— han regresado en busca de más tras experimentar relajación, calor inmediato e hidratación en la piel.

Francisco sostiene que el derivado contiene sales minerales distintas al sodio común, resultado de la concentración final que queda tras el proceso de cristalización.

Aunque algunos lo miran con escepticismo y otros con interés, el “aceite de sal” comienza a abrirse paso como una muestra del conocimiento empírico que nace entre el sol, el agua y la tradición salinera de Cuyutlán.