La ampliación a seis carriles de la Carretera Manzanillo-Colima mantiene en incertidumbre a por lo menos ocho familias de la comunidad de La Salada, cuyos propietarios aseguran que enfrentan presión para dejar sus viviendas sin que exista un acuerdo claro ni compensaciones definidas.
Rubén García Guisar explicó que han sostenido reuniones con un ingeniero identificado como Artemio Cardosa, quien funge como enlace en temas relacionados con terrenos; sin embargo, hasta el momento no hay una resolución concreta.
“Sí hay pláticas, pero no hemos llegado a un acuerdo todavía”, señaló.
Los afectados consideran que las ofertas económicas no corresponden al impacto real que implicaría abandonar sus casas.
“Si estuviéramos vendiendo, pues podríamos dar a lo mejor como nos están ofreciendo, pero así como nos están sacando a fuerzas tienen que pagar un poco más para uno buscar en otra parte donde vivir”, expresó uno de los vecinos.
Además de la incertidumbre legal, los habitantes denunciaron afectaciones directas a sus parcelas. Andrés García Barajas afirmó que en algunos terrenos se ha depositado material pétreo sin autorización.
“Le echaron material, le echaron piedras… están destruyendo las palmas y les decimos y no nos hacen caso”, reclamó.
Según los testimonios, únicamente algunos ejidatarios cuyos predios fueron adquiridos de manera directa han recibido pago, mientras que otras familias enfrentan daños y posibles desplazamientos sin certeza jurídica.
A la preocupación por el patrimonio se suma la falta de información clara sobre cómo se garantizará la movilidad interna una vez que la vía opere con seis carriles.
“Imagínate seis carriles… ¿cómo van a cruzar los estudiantes? ¿Cómo vamos a cruzar nosotros? No todos tenemos carro”, advirtió Cecilia Fabiola.
La comunidad ha solicitado la construcción de un paso alterno, como una alcantarilla o cruce seguro, que permita el tránsito peatonal y vehicular sin poner en riesgo a estudiantes, trabajadores y adultos mayores. Hasta ahora, aseguran, las respuestas han sido verbales y sin compromisos formales.
Mientras la obra avanza en maquinaria y trazo, en La Salada crece la preocupación de que el desarrollo carretero termine desplazando a quienes han habitado históricamente la zona, sin garantías claras sobre su futuro.
