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Recoger basura: prueba de una planeación fallida

Por Yensuni López Aldape

Hace tiempo que no me sentaba a escribir esta columna. No porque falten temas —en Tecomán sobran— sino porque a veces olvidamos que el periodista también es ciudadano, madre, padre, proveedor, de carne y hueso. El periodismo no vive en una burbuja romántica de tinta y café; vive entre recibos, responsabilidades y la lucha diaria por sostener un hogar.

Y hay otra verdad incómoda: el periodismo de fondo, el que incomoda, el que rasca donde duele, rara vez es el que se impone. Porque el periodismo que cuestiona estructuras, a casi nadie le conviene. Ni al poder, ni a los aliados del poder, ni a los que aspiran a ser poder.

Pero basta de preámbulos. Tecomán volvió a recordarnos que aquí la realidad siempre termina superando cualquier intento de silencio, porque no hubo trancas, pero hubo ciudadanos expresando y al final del día ese es el mayor triunfo.

El conflicto reciente por la recolección de residuos dejó más preguntas que respuestas. Porque cuando un servicio público colapsa, casi siempre ocurre por lo que no se dice.

Aquí pudieron pasar dos cosas —y probablemente nunca lo sabremos—: o el arrendador de los camiones cambió las condiciones, o la administración intentó renegociar bajo sus propias reglas.

Esas negociaciones de escritorio, donde nadie informa nada, pero donde después todos sufrimos las consecuencias en la calle.

La realidad es que, haya pasado una cosa o la otra, quienes terminaron metiendo el hombro fueron los trabajadores sindicalizados de limpieza. Y me niego a llamarles “de la basura”, porque los de la basura somos nosotros, los ciudadanos que generamos toneladas de residuos sin pensar en el destino final. Ellos limpian lo que nosotros dejamos.

Ahora, el anuncio de la compra de dos camiones puede ser, chueco o derecho, una jugada que le dé margen de maniobra a la administración para no depender totalmente de arrendadores. Y eso, en términos prácticos, puede ser positivo.

Pero tampoco hay que romantizarlo. Porque aquí, en este episodio, solo ellos saben quién exigió qué… y quién no cumplió qué.

Y luego vino la escena que parecía salida de un reality político: regidores recogiendo basura.

(Inserte aquí amable lector, sus aplausos para la foto).

Porque si los regidores hicieran su trabajo como debe ser, no tendrían por qué salir a cargar bolsas en la calle. No nos equivoquemos, su función es proponer, vigilar, fiscalizar, presionar para que los servicios funcionen, acelerar negociaciones, supervisar contratos, prever crisis. Eso sí transforma realidades.

Recoger basura puede ser un gesto simbólico… pero también es una confesión involuntaria de que algo falló en la planeación institucional.

Y aquí vale recordar un antecedente: durante el periodo de Elías Martínez también vimos funcionarios en labores de limpieza. Pero el contexto era completamente distinto. Existía un conflicto abierto con el sindicato y el respaldo social estaba dividido. Aquello respondía a una estrategia política clara.

Hoy no había huelga, no había paro laboral, había personal trabajando. Entonces vale la pena preguntar: Si los regidores pueden salir a recoger basura… ¿también podrán salir mañana vestidos de policías? ¿O de agentes viales cuando el tráfico colapse?

Porque si el trabajo institucional se sustituye con actos mediáticos, entonces el servicio público corre el riesgo de convertirse en un escenario… donde lo importante no es resolver, sino salir en la foto.

Y sí, caros nos salieron esos recolectores improvisados.

Ahora vayamos a lo que tras bambalinas sigue ocurriendo, y en lo que debemos estar atentos los ciudadanos, Tecomán no está aislado.

Veamos el reflejo de lo que pasa en todo el país con un ejemplo reciente, el de Nuevo León, donde Morena, PRI y PAN decidieron sentarse en la misma mesa para construir acuerdos legislativos. Los mismos partidos que durante años se señalaron como enemigos irreconciliables.

Antes le llamaban “alianza antinatura” a la dupla PRI-PAN. Hoy, simplemente le llaman política.

Y ese fenómeno nos deja una lección brutal: la fidelidad partidista es, muchas veces, un discurso para la militancia… no una regla para quienes toman decisiones.

Hoy brincan de partido en partido, construyen alianzas que ayer juraban imposibles, cambian de camiseta sin que se les despeine el discurso. Y aun así, siguen pidiendo lealtad al electorado.

Es una farsa.

Porque si algo ha quedado claro es que en la política mexicana todos pueden terminar en todos lados. Nadie tiene cara para hablar de pureza ideológica cuando los acuerdos se firman con quienes ayer se acusaban de destruir al país.

Por eso, quizá es momento de dejar de votar por colores, por siglas, por discursos reciclados o por simpatías personales.

Tal vez el voto debería ser más simple… y más brutal: Que sea votado el que trabaje.

Y el que no, pues no.

Sin romanticismos. Sin camisetas heredadas. Sin promesas que duran menos que una campaña.

Porque mientras los partidos reciclan alianzas, los ciudadanos seguimos pagando las consecuencias… entre basura acumulada, crisis improvisadas y políticos que confunden gobernar con posar.

Y si algo nos ha enseñado Tecomán —y el país entero— es que la política puede reciclarse cuantas veces quiera.

Pero la memoria ciudadana… esa sí debería ser de uso obligatorio.

Y así, una vez concluidos los festejos religiosos en Tecomán, (de la feria, bueno tendrá de regreso la misma indiferencia que nos tuvo) nos quedamos con lo mismo, escriba o no a tiempo las columnas, los temas no caducan, lamentablemente se renuevan porque los políticos juegan a la lealtad selectiva, se toman la foto recogiendo basura y negocian aparte acuerdos que nadie explica. Ahí están los brotes de sarampión asomándose como recordatorio de que los problemas verdaderos no se resuelven con promesas, sino con planeación, responsabilidad y trabajo serio. De alguna manera la basura se ve en la calle, pero la negligencia se paga en la salud y en la vida cotidiana. Y cuando eso ocurre, ya no importa de qué partido sean: el costo siempre lo termina pagando el ciudadano.

Por cierto, destaparon a Virgilio… ¿Usted le cree? O como cada proceso, le anda tanteando al agua a los camotes a ver qué saca.