Por Yensuni López Aldape
Dicen que en Tecomán todo está en calma, que no pasa nada, que el gobierno municipal navega tranquilo entre fiestas patrias y bailes de domingo en el Jardín Hidalgo. Y sí, para la foto hay calma. Pero debajo de la mesa se tejen silencios que huelen más a diesel que a patriotismo: trabajadores de la basura sentados porque los camiones no tenían combustible, y curiosamente el sindicato… mutis. Los que siempre son los primeros en alzar la voz, ahora guardaron silencio.
Mientras tanto, dicen que las encuestas —de esas que nadie sabe dónde ni a quién aplican— ya circulan midiendo la reelección de Armando Reyna cuando todavía no cumple ni un año en el encargo. Pero en las colonias el hervor comienza a sentirse; el guiso electoral apenas empieza a calentar la olla.
En el PAN, con su nueva y joven dirigencia, habrá que ver si el presidente del CDM Jorge Pasión tiene la astucia para armar equipo o si será solo otro heredero de la tiendita azul con su padrino de lujo.
En el Verde, todo gira alrededor de su regidor estrella, porque de políticas públicas ni sus luces. Ni en aguas negras, ni en aguas acumuladas rumbo a Boca de Apiza, ni en el basurero… cero propuestas. Están más ocupados en candidaturas que en los temas que deberían importarles.
El PRI, por su parte, ya dio el volantazo: reconocieron que los comerciantes retirados eran “semifijos” —o sea, que no debían quedarse de forma permanente—, pero más allá de eso, poco movimiento. Ni un posicionamiento cuando desapareció el Instituto Tecomense de la Mujer, ni acciones reales en el campo, donde pusieron una líder joven que hasta ahora es un fantasma, salvo por la venta de productos baratos.
Y hablando de campo, al Ayuntamiento le salió caro jugar al agroquímico barato: vendían fipronil, el mismo que mata abejas. Solo tras la denuncia de los apicultores detuvieron la venta. A veces parece que gobiernan con tutoriales de YouTube y no con criterio.
Lo bueno, dicen, es que Walmart llegó a Tecomán. Claro, competencia dura para los pequeños comerciantes, pero el mundo es renovarse o morir. Y los gobiernos, ya se sabe, siempre apostarán a la foto que brille más, y esa nunca será la de las tienditas locales.
Y sí, también tenemos letras monumentales en el Jardín Hidalgo, alguien las llamó “parador turístico”. Ojalá algún día todo Tecomán lo fuera, pero eso es un sueño guajiro mientras no existan políticas públicas serias.
Por si fuera poco, ahora se anunció la remodelación del mercado Cuauhtémoc. Suena bien en el papel, pero en los hechos solo serán cambios superficiales: pintura, fachadas y lo de siempre. Nada de fondo, nada que represente un verdadero proyecto de modernización que le dé vida a los comerciantes y confianza a los consumidores. Más maquillaje para la foto.
Y mientras se pintan paredes y se colocan letras gigantes, seguimos sin panteón municipal. Es cierto, no se puede pedir todo de golpe, pero este tema ha estado en la mesa desde hace años y nadie quiere hablar de él. Es incómodo, no suma votos, no luce en la foto de campaña… y ahí se queda, enterrado en el silencio, como si la muerte misma no fuera parte de la vida pública.
Por último y es pregunta seria, ¿alguien sabe qué ha pasado con el programa de apoyo al emprendimiento que arrancó el regidor David Grajales? Porque es raro que publicando el regidor cada punto de su agenda diaria no haya ni una imagen de los apoyos que prometió entregar cada mes.
Así que, mientras debajo de la mesa se mueven piezas, se reparten silencios y se amarran candidaturas, en la superficie seguiremos celebrando. Con desfiles, con remodelaciones cosméticas y con la misma calma chicha de siempre.
