A pesar de su valiosa labor en conservación ambiental, educación y promoción turística, el Centro Ecológico de Cuyutlán “El Tortugario” opera sin subsidio alguno de los tres niveles de gobierno, sosteniéndose únicamente con los ingresos que generan sus visitantes y proyectos gestionados con organizaciones externas.
María Cruz Rivera, responsable del centro, informó que el equipo está conformado por 11 personas, de las cuales cuatro trabajan directamente en el campamento tortuguero, y el resto en programas como monitoreo de cocodrilos, reforestación de manglares y educación ambiental en escuelas. “Todo lo que hacemos es con recursos autogenerados. No tenemos apoyo oficial, pero sí el compromiso de nuestro equipo y el respaldo de quienes nos visitan”, señaló.
Una de las principales fuentes de ingreso son las visitas guiadas, tanto de turistas como de estudiantes. El centro ofrece recorridos por el estero Palo Verde, donde se realizan talleres como “Aves sin Aula”, actividad ecológica que enseña a identificar aves y promueve la importancia de las lagunas costeras. También se pueden observar tortugas, cocodrilos e iguanas bajo cuidado en las instalaciones.
El costo de entrada es simbólico: 60 pesos para adultos y 30 para niños. La participación en liberaciones de tortugas no tiene costo, pero representa una experiencia significativa tanto para los visitantes como para el proyecto de conservación. “El ingreso de cada persona ayuda directamente a mantener el centro. No es solo una visita, es un acto de apoyo a la conservación de especies en riesgo”, recalcó Cruz Rivera.
Con más de 30 años de existencia, el Tortugario ha sobrevivido gracias al compromiso de su personal y al interés del público. “No tenemos presupuesto oficial, pero contamos con el corazón de la gente. Cada familia que llega, cada niño que aprende algo nuevo sobre la naturaleza, es parte de nuestra fuerza”, expresó con gratitud.
Finalmente, hizo un llamado a la sociedad a visitar el centro y difundir su labor. “Venir al Tortugario es mucho más que ver animales; es aprender a respetar el entorno y ser parte de un esfuerzo colectivo que ha salvado millones de vidas marinas. Este lugar es de todos y necesita de todos”, concluyó.
