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Tecomán: Donde históricamente, el deporte solo es prioridad en el discurso

Por Yensuni López Aldape

Llega la temporada vacacional y con ella el Torneo Nacional de Voleibol de Alcuzahue, ese evento que pone a Tecomán en el mapa por algo que no es violencia. Es un hecho indiscutible que desde el día del arranque hasta la final, la afición responde, abarrotando las gradas y dándole vida al evento, mientras los políticos se toman la foto y los organizadores confían en que la inercia hará el trabajo que ellos no hacen.

El problema no es la falta de convocatoria, sino la falta de visión. Mientras en otros estados ven que la invitación a Alcuzahue sale tarde y organizan sus propios torneos para robarse la atención del público, aquí seguimos con la misma estrategia de siempre: anunciarlo de último momento y esperar que los jugadores se organicen solos. Pero la realidad es que este torneo tiene algo que lo hace único y que los jugadores aman: el sol abrasador, la humedad que se pega a la piel y un terreno que pone a prueba hasta al más experimentado. Alcuzahue no es para cualquiera, y eso lo vuelve especial.

Ahora, pasemos a lo realmente indignante: la premiación. En tiempos de Tito Vázquez, la bolsa era mejor, pero ahora la “simulación de equidad de género” ha alcanzado nuevos niveles de descaro. El 60% de la premiación se lo lleva la rama con más equipos inscritos. ¿Y quiénes son históricamente más? Los hombres. Es un simple juego de números disfrazado de igualdad, porque al final lo que significa es que a las mujeres les van a quitar para darle más a los hombres. Las jugadoras no tienen la culpa de que su categoría tenga menos equipos, pero sí terminan pagando las consecuencias. Un sistema pensado para la equidad, pero ejecutado con la misma trampa de siempre.

Y si de abandono hablamos, el voleibol no es el único damnificado. En el fútbol, la situación es igual de triste. Hasta el propio director del INCODE admite que hay talento en Tecomán, pero que no participa en los estatales. ¿La razón? Falta de apoyo. Aunque claro, eso no lo mencionan cuando están en campaña. Ahí el deporte es prioridad, es la salvación de los jóvenes, el remedio contra las adicciones y la receta mágica para mejorar la sociedad. Pero una vez que están en el poder, los balones, los uniformes y el respaldo desaparecen con la misma rapidez que las promesas electorales.

El nivel de orfandad deportiva quedó expuesto en la Unidad Norte, cuando el senador Virgilio Mendoza llegó con 30 balones. Pero no cualquier balón. No esos Voit de Bodega Aurrerá que los políticos reparten como si fueran dulces en una posada. No, fueron balones profesionales, de los que realmente sirven para jugar. Un pequeño gesto que dejó en evidencia lo mucho que falta por hacer. Porque la gente no está pidiendo lujos ni estadios de primer mundo, solo lo básico: apoyo real y continuo.

Y aun así, el talento sigue ahí. Sin gobierno, sin respaldo, sin infraestructura adecuada. Lo demuestra el regreso de Tecomán a los Selectivos Benito Juárez después de 20 años, no gracias a la administración en turno, sino a quienes siguen luchando por el deporte local a pesar de la indiferencia de las autoridades.
Pero tranquilos, que cuando llegue la final del torneo, cuando los jóvenes logren algo destacable, los primeros en aparecer serán los mismos que nunca hicieron nada. Saldrán en la foto, con su sonrisa de funcionario satisfecho, como si ellos hubieran metido los puntos, organizado los entrenamientos y pagado los viajes. Porque en Tecomán, el deporte es prioridad… hasta que hay que invertir en él.

Por otra parte, también para las vacaciones, está por anunciarse el programa de un evento playero, y si algo hay que reconocer del TecoFest es que, al menos esta vez, el cabildo aprobó el presupuesto con tiempo y no a última hora, como si estuvieran planeando una fiesta sorpresa. Que los regidores trabajen, que el alcalde respalde y que los funcionarios ejecuten lo que les toca, es lo mínimo que se espera de una administración funcional. Pero, ojo, eso no significa que merezcan aplausos ni medallas. No nos engañemos: cumplir con su trabajo no es un acto heroico, es una obligación. Si nos ponemos a agradecer cada vez que un funcionario hace lo que le toca, tendríamos que empezar a aplaudir al cajero del OXXO por darnos el cambio completo.

El día que la ciudadanía deje de ver a los políticos como benefactores y empiece a exigirles como empleados públicos bien pagados que son, quizás entonces las cosas comiencen a cambiar. Los favores se hacen de buena voluntad y sin esperar nada a cambio; lo que hace un regidor, un director o el propio alcalde no es un favor, es parte de su chamba. Nadie en un ayuntamiento trabaja solo por amor al arte ni por espíritu de servicio puro. Y si de servicio hablamos, que el TecoFest salga bien organizado y cumpla con su objetivo es lo menos que pueden hacer. Esperemos ver menos selfies, menos reels, menos discursos y más resultados.

Nos vemos el martes, antes… o después, según se ponga el rodeo.