Contrapeso

Mario Anguiano, inocente

 Arnoldo Delgadillo Grajeda  Opinión

He dicho en otras columnas que un gran lastre de la sociedad colimense, especialmente de su clase política, es que somos muy dados a mediatizar los problemas de la esfera pública, pero dejarlos ahí; cacaraquear mucho y actuar poco; exigir justicia a más no poder, pero no hacerlo por la vía legal y ante las instancias correspondientes.

Un claro ejemplo es el procedimiento sancionador, penal y administrativo, contra el ex gobernador Mario Anguiano Moreno, que carga nueve denuncias en su contra. Y es que pareciera que nadie está interesado en que tenga un cauce legal adecuado y apegado a derecho, como si las violaciones al debido proceso fueran la salida más fácil para que haya impunidad, sin queda ‘tan mal’ ante la ciudadanía.

Apenas ayer, en un golpe inesperado por muchos, Anguiano Moreno se defendió de los señalamientos que han surgido en su contra luego de informes de fiscalización que presentó el Órgano Superior de Auditoría y Fiscalización Gubernamental, y aprovechó para presentar ante el Congreso del Estado denuncias de juicios políticos y responsabilidad administrativa contra el exgobernador interino Ramón Pérez Díaz; el secretario de Planeación y Finanzas, Carlos Noriega García; el secretario general de Gobierno, Arnoldo Ochoa González; el titular del Osafig, Armando Zamora González; y el diputado priista Santiago Chávez, presidente de la Comisión de Hacienda, Presupuesto y Fiscalización de los Recursos Públicos.

A través de un comunicado de prensa, detalló que la denuncia se debe al crédito de 638 millones de pesos que se ejerció durante el gobierno de Pérez Díaz con Noriega García y Ochoa González dentro de la administración. Mientras que las denuncias contra Zamora González y Chávez son por “omisión en el cumplimiento a las obligaciones contraídas como integrantes de la Comisión Especial de Seguimiento al Crédito autorizado en el decreto 565”.

Sobre las acusaciones del Osafig, por el desvío de recursos, Anguiano Moreno consideró que “es incongruente y adolece de sustento legal, al contener aberraciones que denotan un claro y doloso interés mediático y político”, señalando principalmente dos irregulares: no tuvo el derecho de ser escuchado y revisados sus argumentos y pruebas; y la extralimitación en las funciones del órgano auditor.

Quizá por esto, y porque seguramente está armado con evidencia que lo librará de los procesos en su contra, es que Mario Anguiano se muestra despreocupado participando ya en cabalgatas de los municipios vecinos de Colima como disfrutando del Festival Internacional del Globo de León, Guanajuato. Y no huyendo como otros exgobernadores con señalamientos similares a los suyos.

Su inocencia va más allá de los juicios mediáticos y de lo que sociedad crea sobre él. Su inocencia seguramente será probada ante los órganos judiciales, ya sea por falta de atención en el proceso – nada accidental – de parte del Legislativo local, donde parece que todos son aliados, o por su capacidad de protección antes de dejar la gubernatura. Los colimenses ya lo hemos juzgado. Pero ¿cuánto nos durará la memoria?


Punto y aparte


Uno de los escenarios más lamentables esperados, sucedió en nuestro Colima, cada vez más alejada de la paz. Me refiero al asesinato de dos policías preventivos la mañana del pasado lunes cuando llegaban a su domicilio particular, y que según registros de los archivos de la dependencia, tenían una hoja de servicios positiva.

Éste es el tercer ataque en contra de elementos de instancias de seguridad en la entidad. Cala hondo y duele a todos. ¿Qué otro sector falta de ser tocado, para ver cambios en las políticas públicas en materia de seguridad y combate a la delincuencia?