Paracaídas

Nuevos bloques partidistas: nada nuevo en lo nuevo

 Rogelio Guedea  Opinión

Los bloques de partidos que van a competir en la próxima jornada electoral ya han terminado por definirse: irán PRI y Verde Ecologista, por un lado, PAN-PRD-Movimiento Ciudadano por otro, Morena-PT-Encuentro Social por otro y, la sorpresa de los comicios, la del Partido Nueva Alianza (PANAL), la fuerza política de los maestros, que no es poca cosa.

Ya se han definido también ciertas candidaturas tanto a nivel federal como local en los diferentes niveles de representatividad popular (alcaldías, diputaciones locales y legislaturas federales), teniendo esta nueva configuración política como característica principal lo que vulgarmente conocemos como chapulineo, un chapulineo de candidatos muy descarado, por lo demás.

No seré prolijo en señalar la lista de candidatos que representarán a cada alianza partidista, pero sí tengo que ser contundente al decir que, salvo el PANAL, el resto de los bloques corren el riesgo de perder su genuinidad. Llama la atención, por ejemplo, que luego de la ríspida disputa para conformar la alianza “Por Colima al Frente” (PAN-PRD-Movimiento Ciudadano), ésta no haya enviado todavía ni una sola muestra de aquello que motivó su formación: la ciudadanización.

Si los tres partidos (igualmente en duras pugnas internas) no han podido todavía resolver las candidaturas que tendrá su propia militancia, mucho menos podrán siquiera ponderar las puramente ciudadanas, situación que, de no concretarse, pondrá a la alianza “Por Colima al Frente” en un serio predicamento de legitimación.

Muy fácil será desacreditar a un bloque de partidos ciudadanizados pero sin un solo ciudadano real en la competencia electoral. Un poco en la misma línea va el bloque “Juntos haremos historia” (Morena-PT-Encuento Social), al cual la figura moral de López Obrador no les alcanzará para convencer a la sociedad colimense de que, por ejemplo, la fórmula al Senado conformada por Joel Padilla (PT) e Indira Vizcaíno (PRI de facto) es novedosa y representa per se lo que la ciudadanía espera de un partido que tiene como su bastión principal a candidatos de pasado político incorruptible.

De no definir bien el resto de sus candidaturas, el bloque “Juntos haremos historia” también podría representar un fiasco para la sociedad. De la alianza “Todos por Colima” (PRI-Verde Ecologista) no se puede decir más que lo consabido: el PRI es el partido más desacreditado de la oferta electoral, el Verde Ecologista se comerá esta desacreditación, y sólo en aquellos casos en donde los candidatos representen un rostro nuevo y atractivo para la sociedad (pienso en el caso de la académica Ciria Salazar) podrá pensarse en hacerse del triunfo.

El PRI-Verde lo que hará, ya lo sabemos, es echar a andar su gran estructura (aunque en ciertos sectores esté tambaleándose) y apostar por lo que siempre les ha dado resultado: comprar el voto, al precio que sea. Por último, el PANAL, que tomó una decisión histórica: librarse del (pesado) yugo priista.

Muchos le han criticado al líder de este instituto, Javier Pinto, esta decisión, no es para menos: la libertad es mejor que la esclavitud, y más cuando esta subalternidad es perjudicial. El PANAL tiene (aunque no lo parezca) mucho que ganar: es un partido del magisterio (la educación, como principal bandera electoral), es un partido que ratifica ser congruente con sus convicciones (recordemos que en la lucha magisterial lo trataron muy mal) y, por si esto fuera poco, de su propia fuerza (la del magisterio y la sociedad) podrían emerger candidaturas atractivas.

Debe cuidarse, eso sí, que a la dirigencia no le gane la desesperación y empiece a reclutar lo que dejen las otras fuerzas políticas, porque sería la tumba. Pero, eso sí, aunque pierda, el PANAL ganará mucho, ganará bastante.

En poco tiempo, pues, ya sabremos con certeza quiénes serán los contendientes de cada bloque partidista, del PANAL y de los independientes, y ahí veremos si se confirma lo que hasta el momento se entrevé (nada nuevo en lo nuevo) o realmente se reconfiguró el organigrama político-electoral. Si bien soy más bien pesimista, no pierdo la esperanza de que la nueva composición política resuelva las problemáticas (sobre todo de la inseguridad) que laceran nuestro Estado.