Estación Sufragio

El estigma de ser peñista

 Adalberto Carvajal Berber  Opinión
En mi columna anterior especulé que tres jóvenes colimenses: el director del Imjuve, José Manuel Romero Coello, la subsecretaria de Desarrollo Rural en Sagarpa, Mely Romero Celis, y eventualmente la ex presidente comisionada del INAI, Ximena Puente de la Mora, como funcionarios de la administración federal podrían beneficiarse de la cuota de candidaturas al Congreso de la Unión que se reservará el presidente Peña Nieto, en razón de dos circunstancias:
 
Primero, la necesidad de asegurarse un círculo de senadores y diputados que defiendan su cuenta pública y sus reformas estructurales en la siguiente legislatura;

Y segundo, por la urgencia que tiene el PRI de presentar en 2018 abanderados que puedan ganar (obviamente posiciones de mayoría) con sus propios votos, y no solo con el arrastre del candidato presidencial.

A esta tesis hace la réplica un lector, quien nos recuerda que tradicionalmente en el sistema político mexicano el presidente saliente asegura a su gente –aquellos que verdaderamente respondieron a su proyecto– otorgándoles posiciones plurinominales en la cámara alta y en San Lázaro, o en organismos de Estado como el Banco de México, INAI, INE, etcétera.

Y refuerza sus argumentos con una “frase matona”, como dice en la tele un felizólogo sangrón: a los que mande el actual mandatario a competir en las urnas, llevarán el estigma de ser peñistas.

Una asociación de ideas que tiene enormes costos políticos, como se vio en el Estado de México donde el primo de Peña Nieto (Alfredo del Mazo) ganó por un pelito, tras gastar millones en compra de votos y en intrigas para dividir a la oposición.

No obstante lo anterior, me da la impresión que contra lo que digan las encuestas EPN está convencido de que terminará a tambor batiente y que la marca personal Enrique Peña Nieto quedará por encima, en cuanto a aceptación popular, de las siglas del PRI.

Otra de las posiciones clave que el presidente saliente se asegura es la dirigencia nacional del PRI o del PAN, en el caso de los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón, añade este lector.

Por cierto, continúa diciendo, en Colima estos dos partidos, el tricolor y el blanquiazul, se han alternado desde que existe la representación proporcional en el Senado la fórmula de mayoría y el escaño a la primera minoría, aunque también hemos tenido colimenses como senadores de lista nacional por otros partidos.

Pero si Indira Vizcaíno Silva compitiera por el Senado con los colores de Morena, con su propio capital político y el arrastre de Andrés Manuel López Obrador (aun cuando éste no lograra o no lo dejaran ganar la Presidencia de la República), nuestro lector considera que tendría casi segura al menos la primera minoría. Y yo no puedo estar más de acuerdo. 

P.D. Y sí, al hablar de Moreno Valle en mi columna anterior me refiero a Rafael. Por alguna razón siempre termino llamándolo Javier.

La confusión, por cierto, lleva a una lectora a señalar que aun cuando el ex gobernador de Puebla ha gastado lo impensable en publicidad (en su momento, del erario) para darse a conocer a lo largo y ancho de la república, no ha logrado su cometido: borrar la imagen de tirano caprichudo que se labró en su estado (donde nuestra lectora vivió en esos años, por eso sabe de lo que habla).

En descargo, diríamos que al menos consiguió una cosa Rafael Moreno Valle, que la gente de otros entidades ya no lo identifique como Mr. Bala, en alusión a la película Miss Bala (2011) y por aquella norma antimotines (la Ley Bala) cuya aplicación costó la vida de un menor que cayó abatido por un proyectil de goma en 2014. 

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com. Esta columna también se puede leer en el sitio web CARVAJALBERBER: www.aacb2.com.