Estación Sufragio

Es un honor/estar con Obrador

 Adalberto Carvajal Berber  Opinión
Y cuando parecía que el auditorio municipal “Miguel de la Madrid” iba a quedarse a medio cupo, llegaron las huestes del Partido del Trabajo para completar el aforo y hacer patente que Andrés Manuel López Obrador –mas que su partido Morena– tiene muchos seguidores en Colima.

Mezcla perfecta entre corporativismo y populismo, ese voto duro del PT sí es rígido, no blandengue como se está volviendo el del PRI, partido en el que han hecho carrera algunos de los ciudadanos distinguidos que firmaron el Pacto de Unidad al que convocó AMLO y que, fundamentalmente, ofrece la posibilidad de pronunciarse por su candidatura presidencial sin la necesidad de afiliarse a Morena… ¡un partido de flojera!

Ignoro cuántos de los que asistieron el sábado son auténticos morenistas. Muchos de los que, parados en la plataforma lateral que había sido dispuesta para la prensa, renegaban porque no los habían invitado a subir al templete, ni siquiera son militantes. Y quizá por eso despotricaban también en contra del delegado nacional, el general Gallardo, y del dirigente estatal Sergio Jiménez Bojado.

En el tablado, detrás de Andrés Manuel, como presidente de Morena, de la secretaria general del partido Yeidckol Polevnsky y de la presidenta del consejo nacional, Bertha Luján, estaban viejos y nuevos obradoristas que pasaron a signar el documento o por lo menos fueron llamados en voz alta a hacerlo.

Asegura ser de Morena el ex colaborador de la administración perredista en el municipio de Cuauhtémoc, Rafael Romero Verduzco, uno de los que mostró la manta en contra de Indira Vizcaíno durante el mitin. Y ciertamente es parte de la estructura del Movimiento el general Gallardo, a quien se le atribuyen duras declaraciones en contra de la ex alcaldesa y ex secretaria de Desarrollo Social del gobierno del estado.

Romero le recriminó a Vizcaíno Silva la permuta ‘metros por metros’ (que debió ser a valores equivalentes) del área de donación en Altozano por los terrenos donde se instaló el recinto ferial en Cuauhtémoc. Según él, ese escándalo podría hacerle daño a la imagen de Andrés Manuel.

Como otros impugnadores, Rafael acusa a Indira de traidora y de venderse al mejor postor, ¿en alusión a que no respaldó a la candidata a la gubernatura del PRD, Martha Zepeda?; ¿que denunció cómo el abanderado del PAN, Jorge Luis Preciado, le ofreció 10 millones por ser candidata a diputada federal del blanquiazul?; ¿y que colaboró en la campaña del priista Ignacio Peralta, como se evidenció al aceptar la titularidad de la Sedescol?

¿QUIERES CONOCER A ANDRÉS…?

Nadie en los círculos de lopezobradoristas de Colima ha abogado por Indira, en el sentido de lo que implica dejar la administración de Peralta Sánchez para sumarse al proyecto de Andrés Manuel; tampoco en que los problemas de Indira se dieron en un partido que no es Morena (¡es el PRD!) y que, en todo caso, no hubo una alianza entre el Sol Azteca y Jorge Luis pues Martha Zepeda volvió a ser candidata a la gubernatura en la extraordinaria de 2016.

Sorprende que no haya reclamos para Joel Padilla, dueño de la franquicia del PT en Colima, siendo que ese partido se sumó a la candidatura de Ignacio Peralta luego que la elección ordinaria de 2015 fue anulada. 

De hecho, en 2018 el Partido del Trabajo podría jugar en la presidencial con López Obrador y, siendo congruente con la alianza establecida con el gobernador, el primero en la historia en cumplirle todas las promesa hechas al PT, podría ir por los ayuntamientos en coalición con el PRI, Verde y Nueva Alianza. Para usar una frase de moda: como ahí, ¿qué?  

Nadie en esos círculos pejistas quiere aceptar mucho menos que Indira es una política profesional que, con la sola convocatoria a este firma del Pacto de Unidad, ya demostró su capacidad operativa. Y, hasta ese sábado, no quisieron entender que Andrés Manuel mira bien a Indira, y que López Obrador es el presidente del Partido.

Con las supuestas declaraciones, Gallardo generó otra polémica estéril y absurda como la que surgió cuando Jiménez Bojado cuestionó el papel del General como delegado nacional, y en la anterior visita del Peje le pidió ‘al aire’ cinco minutos para hablar en privado de las pugnas internas de Morena.

Aquella vez Andrés los regañó en público, y ahora volvió a hacerlo. “Se tienen que convencer que Morena no tiene dueño”, les dijo. Para luego darles a entender que si la pelea es por los cargos, los cargos son lo menos importante. Sólo le faltó aclarar: todavía falta mucho para disputarse el primero o segundo lugar en la lista de candidatos al Senado.  

HAY QUE GANAR EL CONGRESO:

Al margen de que la mayoría de los simpatizantes y eventuales votantes del Peje no se paran en estos actos, con su tercera candidatura a la Presidencia de la República AMLO podría arrastrar al triunfo no sólo a la fórmula de senadores y a los aspirantes a la Cámara de Diputados, también a los que peleen las alcaldías y el Congreso local.

Sería desastroso que el Movimiento de Regeneración Nacional no consiguiera emular la ola Fox en el 2000, pero de mantenerse la tendencia al canibalismo que vimos el sábado, “los fundadores de Morena” a los que se refirió AMLO lograrán despilfarrar el capital político que en sí mismo representa el Peje, y dilapidar también las aportaciones que hagan algunos de esos liderazgos que eventualmente se sumen a la campaña, hayan signado o no todavía el Pacto de Unidad.

Hasta ahora, como expresó en su mensaje, López Obrador sólo ha señalado a quienes no irán con él: las cúpulas del PRD y de Movimiento Ciudadano, ambos participantes del Frente Amplio Progresista que postuló a Andrés Manuel en 2006 y 2012. 

Sin embargo, reiteró su llamamiento a los militantes de esas fuerzas, quienes podrían protagonizar una desbandada si la dirigencia de los Chuchos y la comisión operativa nacional que coordina Dante Delgado en el MC no cierran filas con Morena en septiembre de este año. 

En las elecciones donde AMLO perdió ante Felipe Calderón o fue desplazado por Enrique Peña Nieto, Morena aún no era un partido. Por la coalición progresista, un número considerable de políticos de “izquierda” (muchos ex priistas, uno que otro panista y la nomenclatura del Sol Azteca, formada con representantes de las diferentes tribus perredistas) llegaron al Poder Legislativo, alcaldías y delegaciones del entonces Distrito Federal. Ganaron con los votos que les compartió el Peje.

En ambas coyunturas, como líder de la oposición de izquierda López Obrador se quedó solo. En 2006 estableció un gobierno legítimo con un gabinete paralelo, que acabó siendo una vacilada. Después de 2012 empezó a conformar una bancada de Morena, con los congresistas electos originalmente con otros colores pero identificados abierta o discretamente con él. 

El líder de Morena se propone tener en 2018 una representación parlamentaria propia, disciplinada y determinante, gane o pierda la elección presidencial. No olvidemos que si algo facilitó la reforma estructural del Estado fueron las coincidencias ideológicas en el neoliberalismo entre el PRI y el PAN, ¡y la segmentación de la izquierda! 

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com. Esta columna también se puede leer en el sitio web de CARVAJALBERBER: www.aacb2.com