Estación Sufragio

Zona roja no es película

 Adalberto Carvajal Berber  Opinión
Hace unos días el alcalde Héctor Insúa García sorprendió a los medios al revelar que el Ayuntamiento de Colima analiza la posibilidad de eliminar la zona de tolerancia.

En el marco de la convocatoria para el Taller de Arquitectura y Urbanismo 2017 del que espera resulten proyectos viables para transformar la fisonomía de la capital, el edil panista expuso que las comisiones de regidores ya trabajan en esta idea. 

“Hay que esperar que se desarrolle el taller, pero la propuesta es eliminar la zona de tolerancia y reglamentar todas y cada una de las actividades comerciales que se tenían [ahí]. La idea es que desaparezca”, dijo el presidente municipal, dejando en claro que lo más urgente es reglamentar el comercio sexual o, como nos gusta decir ahora, el sexoservicio.

Concebidas como espacios donde, como su nombre lo indica, se toleraban actividades que legalmente estaban prohibidas, como la prostitución y espectáculos “inmorales” como los bailes exóticos (serán eróticos), la tendencia a nivel global es que la zona roja de una ciudad desaparezca pues se les asocia a otras actividades delictivas como la trata o la perversión de menores. 

En realidad, en estos espacio se permitía todo. “No podemos nosotros fomentar la idea que podemos seguir viviendo en una zona de la ciudad donde no hay reglas, es lo que se va a acabar”, dijo el Alcalde, de acuerdo a la nota de Edgardo Zamora.

Insúa pidió esperar a que se desarrolle el taller y los trabajos de las propias comisiones, y no adelantarse a las conclusiones. Pero ya podemos anticipar que sus críticos usarán el tema para cebarse en el panista, quien aspira a la reelección toda vez que de la Comuna capitalina han salido varios candidatos a la gubernatura y, en 2021, el acalde de Colima será un aspirante natural al máximo cargo de elección popular en la entidad. 

La zona de tolerancia se instaló en ese lugar (hoy queda a espaldas de la Central Suburbana) a finales de los años setenta. Antes los burdeles estaban dispersos en el barrio del Agua Fría, al suroeste de la ciudad, donde se pueden ver como vestigios de esa actividad los domicilios de los mariachis y algunos hoteles (de paso). 

En un predio anexo al antiguo rastro (que fue transformado en talleres y patios de maniobras para los vehículos de Servicios Públicos cuando se construyó la Procesadora Municipal de Carne) se trazó una plaza jardinada, alrededor de la cual se ubican los viejos cabaretes hoy degradados a caguamerías. En este diseño  estaba implícto el esfuerzo gubernamental por dignificar al oficio más antiguo del mundo.

Entre los varios alcaldes que en los últimos trienios han hablado de reubicar la zona de tolerancia o cerrarla definitivamente, más de uno dibujó la posibilidad de convertir esa plaza en un parián como el de Tlaquepaque, y transformar los bules en restaurantes típicos o cenadurías.

Ninguno de los ediles que prometió en campaña cerrar o reubicar la zona de tolerancia, cumplió. Cuestionados sobre ello en su momento, adujeron obstáculos legales. No se sabe bien a bien de quién son los locales que albergan los establecimientos, y eso curiosamente se ha convertido en una ventaja para los lenones.

Ni siquiera Mario Anguiano que como gobernador construyó el complejo de Asistencia Social a unas cuantas cuadras, se atrevió a quitar la zona de tolerancia cuando fue presidente municipal. Y el actual mandatario estatal, Ignacio Peralta, vio como alcalde que el Hospital Puerta de Hierro prefirió declinar la donación de un terreno que instalarse en las inmediaciones de El Manchón. Mejor compraron en la parte norte de la ciudad.

PROSTITUTAS Y PROSTITUTOS:

La zona roja continúa funcionando aunque haya dejado de ser el epicentro de la vida nocturna en Colima. Sin embargo, afecta la plusvalía de una vasta zona habitacional que incluye urbanizaciones de tipo popular, fraccionamientos de interés social y preferencial y cotos pretendidamente residenciales que fracasaron comercialmente por estar en un entorno deprimido, aunque estén a unas cuantas cuadras del centro histórico.

Si quitaran la zona roja y se le diera otro destino al espacio, el vecindario ganaría además una vialidad que conecta al boulevard Rodolfo Chávez Carrillo directamente con la prolongación de la avenida Anastasio Brizuela. Hoy hay que ir hasta la Javier Mina en Colima, o hasta la prolongación Benito Juárez en Villa de Álvarez.

Se ha dicho hasta el cansancio que la zona de tolerancia ya no es lo que fue; que hoy alberga mayoritariamente a travestidos, transgéneros y transexuales que compiten (las mujeres biológicas dicen que) deslealmente por los clientes con las prostitutas, ficheras y simples bailarinas; y que en todo caso las sexoservidoras más jóvenes y atractivas trabajan en los table dance u ofrecen sus servicios a través de internet.

Insúa parte de una verdad absoluta: la prostitución no es ya la actividad más buscada en la zona de tolerancia, y la zona roja no concentra a la prostitución que se da en la zona metropolitana. El sexo servicio se trasladó a las calles y, cada vez más, a la autopista de la información. Y se practica en espacios públicos o en moteles. Además, lo ofrecen tanto mujeres como hombres.

Reglamentar el comercio carnal como sugiere el Alcalde no sólo supone regular los aspectos sanitarios que se pretendía cuidar con la instalación de la zona de tolerancia (como evitar la proliferación de enfermedades venéreas o, como nos gusta decir ahora, enfermedades de transmisión sexual), sino también establecer horarios y ubicación de los y las prostitutas.
 
En los países donde se ha profesionalizado el trabajo sexual, se autoriza ejercer la prostitución en ciertas calles o parques, donde se pone vigilancia policial para la seguridad de los clientes y, también, para la protección de los y las sexoservidoras (que, de esta manera, ya no tienen excusa para buscarse un padrote o proxeneta), amén de complicar a la delincuencia organizada la posibilidad de tejer redes de trata.

El mayor problema que enfrenta Insúa para llevar a cabo una medida que tendría un impacto muy positivo en el valor inmobiliario de todas las colonias que orbitan en torno a la zona roja, es político. La prostitución, como el narcomenudeo, es una de esas problemáticas que la sociedad y los gobiernos prefieren no ver. Y proponer soluciones radicales nos enfrenta a nuestra propia mojigatería.

Vale destacar que sea un alcalde del PAN, partido que tiende al conservadurismo, el que se plantee ir a fondo en la cuestión: ¿qué hacemos con la zona de tolerancia?

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com. Esta columna también se puede leer en el sitio web de CARVAJALBERBER: www.aacb2.com